Pues parece evidente que al lunático coronel libio le queda poca cuerda. Como siempre ha sido y sigue siendo, además de un iluminado un fanfarrón, la última baladronada, es su mensaje de que va a ganar la guerra o morir en el intento. Como es notorio que la primera ya la tiene perdida, sólo le queda lo de palmarla o morir matando.
Una vez perdido su emblemático centro de poder, tomado ya con relativa facilidad por parte de los rebeldes, sólo le quedan ahora pocas alternativas. Una de ellas es, efectivamente, caer en combate, otra, nada improbable, es suicidarse. También puede esconderse como hizo Sadam Hussein, aunque más tarde o más temprano lo van a encontrar, sobre todo porque siempre habrá alguno de sus allegados que lo venda, como le pasó al dictador de Irak (los rebeldes ofrecen nada menos de 1.700 euros por su captura, con lo cual ahora sí que está perdido de verdad). Y por último, puede intentar escaparse, aunque le quedan pocos sitios a donde ir. En realidad, sólo le queda Venezuela y su amigo Chávez.
Lo ideal sería que fuera capturado y puesto a disposición del tribunal penal internacional, más que nada porque resultaría ejemplificatorio que un dictador de este fuste tuviera que someterse a las leyes internacionales, que castigan delitos contra la humanidad. Este sería un buen aviso para otros dictadores de los que abundan por desgracia en el mundo. Tiranos que no dudan en lanzar las más potentes armas de guerra contra sus propios ciudadanos indefensos, como está ocurriendo en Siria, régimen este que debe de poner sus barbas a remojar, porque es el próximo al que le toca.
Lo que parece indiscutible es que la rendición total de las fuerzas de Gadafi está muy próxima y su final, en cualquiera de las formas expresadas, a la vuelta de la esquina. Se admiten apuestas sobre cómo acabará.
miércoles, 24 de agosto de 2011
domingo, 21 de agosto de 2011
LA VISITA DEL PAPA
Con la llegada del pontífice de Roma a España, suceso que se produce periódicamente, pues la Iglesia Católica tiene en la península ibérica, Portugal incluido, uno de sus más importantes bastiones, se ha producido un fenómeno impensable hace muy poco tiempo. Europa Laica, una asociación que predica sobre todo la separación real de la Iglesia, sea la que sea, y el estado democrático, ha logrado convocar y aglutinar en una manifestación a miles de personas (20.000 dicen los organizadores, 5.000 las autoridades).
En primer lugar, hacer constar y recalcar que en Europa Laica no milita gente extremista y mucho menos violenta, sino precisamente bien demócrata y respetuosa de las opiniones de los demás, por lo que los pocos incidentes habidos en esto días son la normal consecuencia de enfrentamientos entre jóvenes de distinta ideología. Por otra parte, a la manifestación se han sumado muchos “indignados” del 15 M y ya sabemos que no todos actúan pacíficamente.
Europa Laica defiende sus ideas con argumentos y todos ellos de peso. No se trata de estar contra el Papa, el vaticano ni mucho menos la religión y los fieles católicos. No es eso, por más que desde la jerarquía de la iglesia de Roma, se trata de confundir a la opinión pública, queriendo calificar de anticlericalismo al laicismo.
Nadie puede negar la enorme fuerza social, política y económica que tiene la iglesia católica, y concretamente en España. El Vaticano lo sabe, lo utiliza y lo exhibe. Las multitudes que se han congregado en Madrid, para recibirle y aclamarle resultan en el fondo toda una manifestación de poder de las que gusta nuestra iglesia mayoritaria. No importa que muchos de los concentrados(habría que hacer una encuesta y los resultados podrían ser sorprendentes, cobre todo entre los jóvenes), no cumplan con la mayoría de los deberes de un católico, algunos olvidados, pero no por ello menos vigentes. Ni vayan a misa los domingos y fiestas de guardar. Ni se confiesen, ni comulguen… Tampoco que muchas chicas hayan dado el espectáculo de enseñar las piernas e incluso en sostén delante del papa. En realidad, lo que le importa a la jerarquía de Roma es el espectáculo de mira cuantos somos, cuantos jóvenes y todos de acuerdo. Este es un mensaje para navegantes y sobre todo para políticos en el poder o para los que aspiran a serlo. La iglesia de Roma no quiere perder sus privilegios en España, porque en gran parte vive de ellos y vive bien. Así que, después de la entrevista de Rajoy con el Papa, todo ha quedado atado y bien atado. Salvo que sobrevenga una catástrofe como la del 11 M, el pontevedrés ya viene cantando el triunfo, por lo que ya le ha podido dar seguridades a “su santidad”, de que la cosa va a ir bien, que no se preocupe, que España va seguir siendo católica. De eso se encarga él. Claro que lo más seguro es que lo haya dicho a la gallega, que es su estilo. Y el papa que es alemán, pero listo como un ajo, pues ya lo ha entendido.
Pero la “guerra” del laicismo no es solamente contra los privilegios de todo tipo que esta religión tiene a todos los niveles en nuestro país. No se olvide que sigue vigente el concordato entre el estado español y la Roma vaticana. Su lucha es contra un estado de cosas que supone terminar algún día con la imbricación existente entre el poder civil, emanado democráticamente de la soberanía popular, y el poder religioso (el mayor del mundo con mucha diferencia), que surge de una estructura piramidal y ancestral, que viene de arriba abajo y cuya cúspide ocupa ahora Benedicto 16. Es una pelea de un pigmeo contra un titán. Pero eso no quita fuerza alguna a las razones de los laicos ni a sus justas demandas.
La iglesia católica, como todas las iglesias, pero más que ninguna otra, es en realidad una tremenda y poderosa maquinaria de poder, que se ejerce de forma medieval y por tanto totalmente antidemocrática. Pero el futuro de la humanidad no puede ir sino por el camino de la democracia real, de la efectiva y verdadera separación del poder civil y el religioso, de la terminación de los privilegios y ayudas de todo tipo que, en el caso de España, rechinan desde hace mucho tiempo. De que todas las confesiones religiosas acepten de forma clara y sincera las leyes emanadas de los poderes democráticos, sin que sea admisible que traten de imponer las suyas propias, que no salen sino de la mente de unos pocos que mandan sobre millones a base de entelequias irracionales, sin ninguna base cierta ni científica.
En este sentido, la manifestación de Europa Laica ha sido un éxito y representa un rayo de luz, aunque tenue, entre tanto papanatismo como se ha podido ver estos días con la visita del Papa. En ese camino hay que seguir, porque conseguir algún día la verdadera separación del poder civil y el eclesiástico es una lucha que merece la pena y uno de los pasos más importantes para conseguir la profundización y el progreso de nuestra democracia.
En primer lugar, hacer constar y recalcar que en Europa Laica no milita gente extremista y mucho menos violenta, sino precisamente bien demócrata y respetuosa de las opiniones de los demás, por lo que los pocos incidentes habidos en esto días son la normal consecuencia de enfrentamientos entre jóvenes de distinta ideología. Por otra parte, a la manifestación se han sumado muchos “indignados” del 15 M y ya sabemos que no todos actúan pacíficamente.
Europa Laica defiende sus ideas con argumentos y todos ellos de peso. No se trata de estar contra el Papa, el vaticano ni mucho menos la religión y los fieles católicos. No es eso, por más que desde la jerarquía de la iglesia de Roma, se trata de confundir a la opinión pública, queriendo calificar de anticlericalismo al laicismo.
Nadie puede negar la enorme fuerza social, política y económica que tiene la iglesia católica, y concretamente en España. El Vaticano lo sabe, lo utiliza y lo exhibe. Las multitudes que se han congregado en Madrid, para recibirle y aclamarle resultan en el fondo toda una manifestación de poder de las que gusta nuestra iglesia mayoritaria. No importa que muchos de los concentrados(habría que hacer una encuesta y los resultados podrían ser sorprendentes, cobre todo entre los jóvenes), no cumplan con la mayoría de los deberes de un católico, algunos olvidados, pero no por ello menos vigentes. Ni vayan a misa los domingos y fiestas de guardar. Ni se confiesen, ni comulguen… Tampoco que muchas chicas hayan dado el espectáculo de enseñar las piernas e incluso en sostén delante del papa. En realidad, lo que le importa a la jerarquía de Roma es el espectáculo de mira cuantos somos, cuantos jóvenes y todos de acuerdo. Este es un mensaje para navegantes y sobre todo para políticos en el poder o para los que aspiran a serlo. La iglesia de Roma no quiere perder sus privilegios en España, porque en gran parte vive de ellos y vive bien. Así que, después de la entrevista de Rajoy con el Papa, todo ha quedado atado y bien atado. Salvo que sobrevenga una catástrofe como la del 11 M, el pontevedrés ya viene cantando el triunfo, por lo que ya le ha podido dar seguridades a “su santidad”, de que la cosa va a ir bien, que no se preocupe, que España va seguir siendo católica. De eso se encarga él. Claro que lo más seguro es que lo haya dicho a la gallega, que es su estilo. Y el papa que es alemán, pero listo como un ajo, pues ya lo ha entendido.
Pero la “guerra” del laicismo no es solamente contra los privilegios de todo tipo que esta religión tiene a todos los niveles en nuestro país. No se olvide que sigue vigente el concordato entre el estado español y la Roma vaticana. Su lucha es contra un estado de cosas que supone terminar algún día con la imbricación existente entre el poder civil, emanado democráticamente de la soberanía popular, y el poder religioso (el mayor del mundo con mucha diferencia), que surge de una estructura piramidal y ancestral, que viene de arriba abajo y cuya cúspide ocupa ahora Benedicto 16. Es una pelea de un pigmeo contra un titán. Pero eso no quita fuerza alguna a las razones de los laicos ni a sus justas demandas.
La iglesia católica, como todas las iglesias, pero más que ninguna otra, es en realidad una tremenda y poderosa maquinaria de poder, que se ejerce de forma medieval y por tanto totalmente antidemocrática. Pero el futuro de la humanidad no puede ir sino por el camino de la democracia real, de la efectiva y verdadera separación del poder civil y el religioso, de la terminación de los privilegios y ayudas de todo tipo que, en el caso de España, rechinan desde hace mucho tiempo. De que todas las confesiones religiosas acepten de forma clara y sincera las leyes emanadas de los poderes democráticos, sin que sea admisible que traten de imponer las suyas propias, que no salen sino de la mente de unos pocos que mandan sobre millones a base de entelequias irracionales, sin ninguna base cierta ni científica.
En este sentido, la manifestación de Europa Laica ha sido un éxito y representa un rayo de luz, aunque tenue, entre tanto papanatismo como se ha podido ver estos días con la visita del Papa. En ese camino hay que seguir, porque conseguir algún día la verdadera separación del poder civil y el eclesiástico es una lucha que merece la pena y uno de los pasos más importantes para conseguir la profundización y el progreso de nuestra democracia.
viernes, 12 de agosto de 2011
LA EUROPA ACOSADA
La unión europea cuenta, al momento, con cuatrocientos cincuenta millones de habitantes, con una moneda única para muchos de los países que la conforman y con el nivel de vida, llamado estado del bienestar, mejor del mundo. Hay otros países más ricos, y en donde abundan las grandes fortunas. Pero en cuanto a respeto de los derechos humanos y de las libertades de la persona, estamos a la cabeza. Naturalmente, todo esto tiene un costo, que no es poco. Mantener la educación, la sanidad, las buenas infraestructuras por aire mar y tierra, ect… es un muy caro. Como consecuencia de todo esto, los países europeos, como ocurre con el más poderoso, o sea, Estados Unidos, viven constantemente endeudados.
Pero somos una isla. En el resto del mundo abundan la miseria, el hambre, las injusticias, la corrupción total como medio de gobierno…el atraso social, en fin. Y la crisis económica, que se originó como debacle financiera, nos golpea a todos. Al ser países solventes, Italia, España o Bélgica emiten deuda pública, la subastan, que es la forma más real de fijar el precio de las cosas y consiguen la liquidez que precisan para que el sistema continue rodando. Pero precisamente porque la subasta es el sistema más fiable de saber cuánto vale algo, siempre que la subasta sea pública de verdad y llegue a donde tiene que llegar, es decir, a la gran mayoría de los posible compradores, se corre el riesgo de llevarse sorpresas desagradables, como ha ocurrido ahora con las de España o Italia, en la que los tipos de interés a pagar por recibir el dinero prestado, se ha disparado y eso supone ciertamente hipotecar el futuro del país, pues habrá que devolver en su día mucho más dinero del que se contaba. Y aquí llegamos a la realidad de que estas cosas ocurren porque la Unión Europea, es europea, pero aún le falta bastante para ser una verdadera unión. Cierto que existe un Banco Central que puede intervenir y lo hace, para ayudar a cualquiera de los miembros, pero no lo es menos que lo ideal sería que existiera una política común fiscal y económica de todos a una o al menos de los más fuertes, es decir, de los que están integrados en el euro. Mientras tal cosa no se consiga, los grandes capitales, ente los que se encuentran también los europeos, no se olvide esto, tratarán de aprovechar las situaciones de debilidad de cualquier de las economías, que en realidad son fuertes, como España o Italia, para sacar el máximo beneficio de la situación.
Al igual que EEUU va a seguir siendo la primera potencia del mundo no se sabe cuanto tiempo, a pesar de su enorme endeudamiento, Europa va a seguir siendo el referente mundial del bienestar social, a pesar de todos sus problemas. Pero si como dijo Julio César “divide y vencerás”, que la unión hace la fuerza nadie sensato lo pone en duda. O sea que el camino de la Unión Europea es seguir siendo europea y cada vez más unida. Solo de esa manera podremos hacer frente de manera efectiva a estos acosos económicos y a muchos más problemas que nos vendrán encima. Porque, que nadie lo olvide, en realidad somos una isla, en un mundo en donde se vive muy mal. Y nos van a seguir atacando por todas partes. Y si no, al tiempo.
Pero somos una isla. En el resto del mundo abundan la miseria, el hambre, las injusticias, la corrupción total como medio de gobierno…el atraso social, en fin. Y la crisis económica, que se originó como debacle financiera, nos golpea a todos. Al ser países solventes, Italia, España o Bélgica emiten deuda pública, la subastan, que es la forma más real de fijar el precio de las cosas y consiguen la liquidez que precisan para que el sistema continue rodando. Pero precisamente porque la subasta es el sistema más fiable de saber cuánto vale algo, siempre que la subasta sea pública de verdad y llegue a donde tiene que llegar, es decir, a la gran mayoría de los posible compradores, se corre el riesgo de llevarse sorpresas desagradables, como ha ocurrido ahora con las de España o Italia, en la que los tipos de interés a pagar por recibir el dinero prestado, se ha disparado y eso supone ciertamente hipotecar el futuro del país, pues habrá que devolver en su día mucho más dinero del que se contaba. Y aquí llegamos a la realidad de que estas cosas ocurren porque la Unión Europea, es europea, pero aún le falta bastante para ser una verdadera unión. Cierto que existe un Banco Central que puede intervenir y lo hace, para ayudar a cualquiera de los miembros, pero no lo es menos que lo ideal sería que existiera una política común fiscal y económica de todos a una o al menos de los más fuertes, es decir, de los que están integrados en el euro. Mientras tal cosa no se consiga, los grandes capitales, ente los que se encuentran también los europeos, no se olvide esto, tratarán de aprovechar las situaciones de debilidad de cualquier de las economías, que en realidad son fuertes, como España o Italia, para sacar el máximo beneficio de la situación.
Al igual que EEUU va a seguir siendo la primera potencia del mundo no se sabe cuanto tiempo, a pesar de su enorme endeudamiento, Europa va a seguir siendo el referente mundial del bienestar social, a pesar de todos sus problemas. Pero si como dijo Julio César “divide y vencerás”, que la unión hace la fuerza nadie sensato lo pone en duda. O sea que el camino de la Unión Europea es seguir siendo europea y cada vez más unida. Solo de esa manera podremos hacer frente de manera efectiva a estos acosos económicos y a muchos más problemas que nos vendrán encima. Porque, que nadie lo olvide, en realidad somos una isla, en un mundo en donde se vive muy mal. Y nos van a seguir atacando por todas partes. Y si no, al tiempo.
LA EUROPA ACOSADA
La unión europea cuenta, al momento, con cuatrocientos cincuenta millones de habitantes, con una moneda única para muchos de los países que la conforman y con el nivel de vida, llamado estado del bienestar, mejor del mundo. Hay otros países más ricos, y en donde abundan las grandes fortunas. Pero en cuanto a respeto de los derechos humanos y de las libertades de la persona, estamos a la cabeza. Naturalmente, todo esto tiene un costo, que no es poco. Mantener la educación, la sanidad, las buenas infraestructuras por aire mar y tierra, ect… es un muy caro. Como consecuencia de todo esto, los países europeos, como ocurre con el más poderoso, o sea, Estados Unidos, viven constantemente endeudados.
Pero somos una isla. En el resto del mundo abundan la miseria, el hambre, las injusticias, la corrupción total como medio de gobierno…el atraso social, en fin. Y la crisis económica, que se originó como debacle financiera, nos golpea a todos. Al ser países solventes, Italia, España o Bélgica emiten deuda pública, la subastan, que es la forma más real de fijar el precio de las cosas y consiguen la liquidez que precisan para que el sistema continue rodando. Pero precisamente porque la subasta es el sistema más fiable de saber cuánto vale algo, siempre que la subasta sea pública de verdad y llegue a donde tiene que llegar, es decir, a la gran mayoría de los posible compradores, se corre el riesgo de llevarse sorpresas desagradables, como ha ocurrido ahora con las de España o Italia, en la que los tipos de interés a pagar por recibir el dinero prestado, se ha disparado y eso supone ciertamente hipotecar el futuro del país, pues habrá que devolver en su día mucho más dinero del que se contaba. Y aquí llegamos a la realidad de que estas cosas ocurren porque la Unión Europea, es europea, pero aún le falta bastante para ser una verdadera unión. Cierto que existe un Banco Central que puede intervenir y lo hace, para ayudar a cualquiera de los miembros, pero no lo es menos que lo ideal sería que existiera una política común fiscal y económica de todos a una o al menos de los más fuertes, es decir, de los que están integrados en el euro. Mientras tal cosa no se consiga, los grandes capitales, ente los que se encuentran también los europeos, no se olvide esto, tratarán de aprovechar las situaciones de debilidad de cualquier de las economías, que en realidad son fuertes, como España o Italia, para sacar el máximo beneficio de la situación.
Al igual que EEUU va a seguir siendo la primera potencia del mundo no se sabe cuanto tiempo, a pesar de su enorme endeudamiento, Europa va a seguir siendo el referente mundial del bienestar social, a pesar de todos sus problemas. Pero si como dijo Julio César “divide y vencerás”, que la unión hace la fuerza nadie sensato lo pone en duda. O sea que el camino de la Unión Europea es seguir siendo europea y cada vez más unida. Solo de esa manera podremos hacer frente de manera efectiva a estos acosos económicos y a muchos más problemas que nos vendrán encima. Porque, que nadie lo olvide, en realidad somos una isla, en un mundo en donde se vive muy mal. Y nos van a seguir atacando por todas partes. Y si no, al tiempo.
Pero somos una isla. En el resto del mundo abundan la miseria, el hambre, las injusticias, la corrupción total como medio de gobierno…el atraso social, en fin. Y la crisis económica, que se originó como debacle financiera, nos golpea a todos. Al ser países solventes, Italia, España o Bélgica emiten deuda pública, la subastan, que es la forma más real de fijar el precio de las cosas y consiguen la liquidez que precisan para que el sistema continue rodando. Pero precisamente porque la subasta es el sistema más fiable de saber cuánto vale algo, siempre que la subasta sea pública de verdad y llegue a donde tiene que llegar, es decir, a la gran mayoría de los posible compradores, se corre el riesgo de llevarse sorpresas desagradables, como ha ocurrido ahora con las de España o Italia, en la que los tipos de interés a pagar por recibir el dinero prestado, se ha disparado y eso supone ciertamente hipotecar el futuro del país, pues habrá que devolver en su día mucho más dinero del que se contaba. Y aquí llegamos a la realidad de que estas cosas ocurren porque la Unión Europea, es europea, pero aún le falta bastante para ser una verdadera unión. Cierto que existe un Banco Central que puede intervenir y lo hace, para ayudar a cualquiera de los miembros, pero no lo es menos que lo ideal sería que existiera una política común fiscal y económica de todos a una o al menos de los más fuertes, es decir, de los que están integrados en el euro. Mientras tal cosa no se consiga, los grandes capitales, ente los que se encuentran también los europeos, no se olvide esto, tratarán de aprovechar las situaciones de debilidad de cualquier de las economías, que en realidad son fuertes, como España o Italia, para sacar el máximo beneficio de la situación.
Al igual que EEUU va a seguir siendo la primera potencia del mundo no se sabe cuanto tiempo, a pesar de su enorme endeudamiento, Europa va a seguir siendo el referente mundial del bienestar social, a pesar de todos sus problemas. Pero si como dijo Julio César “divide y vencerás”, que la unión hace la fuerza nadie sensato lo pone en duda. O sea que el camino de la Unión Europea es seguir siendo europea y cada vez más unida. Solo de esa manera podremos hacer frente de manera efectiva a estos acosos económicos y a muchos más problemas que nos vendrán encima. Porque, que nadie lo olvide, en realidad somos una isla, en un mundo en donde se vive muy mal. Y nos van a seguir atacando por todas partes. Y si no, al tiempo.
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