Pues el Tribunal Supremo ya ha resuelto, sin ulterior recurso, la recusación por parcialidad formulada por la defense del Juez Garzón contra su compañero Luciano Varela. Y le da la razón a Varela, con lo cual este recupera el protagonismo y tiene otra vez la sartén por el mango (más bien tiene el mango y la sartén, porque la decisión que ahora adopte es bien importante y va a decidir la suerte del ³Juez estrella²). Y no exagero cuando digo esto, porque si el Instructor decide abrir el juicio oral, Baltasar Garzón deberá ser cesado provisionalmente como Juez, con lo que eso supone a nivel personal y público. Si la izquierda que lo ha metido en ese callejón sin salida quería un mártir de la democracia, pues ya lo va a tener. Lo más triste es que quien lo manda a la guillotina de papel es precisamente un colega suyo de ideas políticas afines. Si leen el Faro de Vigo de hoy, podrán visionar un vídeo de una conferencia de Garzón en el Club Faro de Vigo y quien lo presenta es precisamenteŠsu Señoría D. Luciano Varela, ambos por cierto mucho más jóvenes y sin apenas pelo blanco.
Pues bien, aunque el sentarse en el lugar de los acusados por un delito no supone condena, sí es la imposición de lo que los abogados llamamos con bastante acierto creo, la ³pena de banquillo². Y si el que la va a sufrir es una persona de tintes histriónicos como el Juez Baltasar Garzón, las consecuencias pueden ser impensadas. Por mi parte pienso que este magistrado puede incluso llegar a abandonar la profesión y dedicarse a la abogacíaŠo a la política, donde, por cierto encajarían muchos mejor sus peleas personales contra el franquismo y otros ismos que han asolado nuestro planeta durante el siglo veinte.
Pero volvamos con D. Luciano. Ahora tiene en las manos la patata caliente de decidir si abre o no el juicio oral, con lo que todo eso lleva consigo. Teniendo en cuenta los tintes políticos de la entidad querellante, única que ha formulado acusación, ahora sí que se va a ver su verdadera talla de hombre de leyes. Porque tendrá que luchar entre sus simpatías políticas y sus convicciones jurídicas en este caso. Y lo mejor de todo esto es que, adopte la decisión que sea, ambas están dentro de un margen jurídico aceptable.
Personalmente opino que Varela está por la apertura del juicio oral y que se defienda Garzón ante el Tribunal, pues esto se deduce de las sucesivas resoluciones que ha adoptado en la causa, con las que debería de ser consecuente. No obstante, si tal cosa hace, le quitará el puesto al caballo del General Espartero. Y ya saben Udes. a que me refiero. Porque lo que le espera en la calle no se lo deseo yo ni a mi peor enemigo. Por mi parte, me quitaré el sobrero y diré como ya lo digo ahora que nos hacen falta muchos jueces como D. Luciano Varela, para que la justicia funcione de verdad, con independencia y eficacia. He dicho.
lunes, 10 de mayo de 2010
martes, 4 de mayo de 2010
LA CRISIS DEL EMPLEO
Visitando un museo de la telefonía, contemplando los aparatos de comunicación, no tan antiguos, pues algunos tendrán 20 o 30 años, a la vista de las centralitas y de los miles de puestos de trabajo que se crearon como consecuencia de este invento. ³Su conferencia con Salamanca..² decía la voz siempre femenina al otro lado del teléfono siempre negro. Y el usuario se consideraba hombre feliz, por haber conseguido la comunicación en un tiempo récord de una o dos horasŠ reflexionaba acerca de cómo y cuánto han cambiado las cosas en el aspecto de las comunicaciones. Hoy en día, con millones de teléfonos inalámbricos, con Internet, los segundos de retraso en una comunicación nos parecen inacabables e inadmisibles. Queremos todo al instante y puntualmente y cualquier retraso, por pequeño que sea, trastoca nuestro ritmo de trabajo y puede llegar a provocar incluso reclamaciones legales.
Todos aquellos miles y miles de puestos de trabajo desaparecieron, la tecnología los borró del mapa, pero el mismo desarrollo de las comunicaciones ha multiplicado por mucho tales empleos y ha creado otros nuevos, de los que ni siquiera se sospechaba puedieran llegar a existir.
Mientras unos trabajos desaparecen por innecesarios, otros surgen como setas después de la lluvia. Si a nuestros abuelos les dijeran que habría gente que se ganaría la vida por ejemplo paseando perros de otras personas, se quedarían asombrados. Pues si van a Nueva York y se dan una vuelta por Central Park, como hacen todos los turistas, podrán ver el espectáculo gracioso de los ³pasea chuchos², que resulta tanto más cómico, como que los animales son de distintas razas y tamaños y vemos a un Gran Danés, tirando del grupo y arrastrando a un Chiguagua.
En fin el desarrollo de la sociedad humana ha sido capaz de generar riqueza y puestos de trabajo dignos como nunca se ha conocido en la historia de la humanidad. Pero en el gérmen de todo progreso está ínsito el problema y la causa de su destrucción. Y así como pasa con los medicamentos, lo que cura una cosa afecta y pueden dañar otra.
Y con los puestos de trabajo pasa lo mismo. La misma evolución de la sociedad produce enorme riqueza y la posibilidad de que gran cantidad de bienes están al alcance de todo el mundo. En realidad, cabría hablar de problemas de superproducción en el mundo desarrollado. Tenemos de todo, producimos en exceso para cubrir la demanda. La competencia entre las empresas, hace que unas se arruinen y otras se enriquezcan, lo que forma parte del mecanismo saludable de la renovación natural. A la vez, el mundo pobre sigue tan pobre como siempre o más si cabe.
Las crisis económicas del mundo capitalista ya no son de escasez, de hambruna, de pestes, como en la edad media y en el mundo antiguo. Son de crecimiento, de supervaloración de activos, sobre todo inmobiliarios, de exceso de crédito, de exceso de producción.
Si se quedan sin trabajo y en el paro millones de trabajadores, es porque tenían trabajo. Parece una simpleza, pero en realidad es lo que pasa. Cuando un sector sobredimensionado, como ha pasado en España con el del ladrillo, cae como consecuencia de su misma y exagerada hipertrofia, el efecto multiplicador que produce lanza a la calle a ciento de miles de personas. Pero como ya dije, en el mismo bien de desarrollo económico que produjo el mundo inmobiliario, estaba el germen de su propia destrucción. En realidad no deberíamos asombrarnos porque haya pasado lo que ha pasado.
La crisis económica más importante ha venido precisamente de donde se generaba la riqueza que luego ha producido la crisis, es decir, del aparato financiero capitalista de finales del siglo veinte. La especulación, la ingenieria financiera sin control, lo beneficios exagerados de las entidades bancarias, las comisiones, los altos sueldos de los ejecutivos, primeros beneficiarios del sistema y principales verdugos y responsables de su caídaŠ
Tienen razón los sindicatos y los partidos de izquierda cuando dicen que los que han provocado la crisis deben de pagarla. Pero esto no funciona así, porque en el capitalismo el que sigue teniendo el poder es el capital y los trabajadores continúan siendo las principales víctimas de las recesiones económicas.
La única solución pasa por el pacto social, serio y justo de todas las fuerzas de un país, debiendo dar ejemplo en primer lugar los que están arriba en la escala social, es decir, los que tienen el poder, ya sea político o económico y los sindicatos haciendo ejercicio de responsabilidad. Y empujar todos del carro a la vez. Así se sale del atasco. Pero esto es más difícil de hacer que decir, porque falta solidaridad y el sentido de lo común y cada uno trata de arrimar el ascua a su sardina.
Mientras tanto, mientras llega el diente de sierra para arriba, que vendrá, no lo duden, los que se quedan en el camino, siempre son los más débiles, los menos preparados, los que tienen menos oportunidad de encontrar un nuevo trabajo. Para estos, la protección social, el reciclaje profesional y la ayuda de la familia son las únicas salidas.
Pero lo que la sociedad necesita es gente con ideas nuevas, con ilusión, con imaginación, con capacidad de trabajo, la gente que realmente tira del pelotón, aunque se juegue el tipo mucho más que los que le siguen a rueda. A estos hay que apoyarlos y motivarlos, porque son los que en realidad pueden ayudar a salir del bache a los demás.
Todos aquellos miles y miles de puestos de trabajo desaparecieron, la tecnología los borró del mapa, pero el mismo desarrollo de las comunicaciones ha multiplicado por mucho tales empleos y ha creado otros nuevos, de los que ni siquiera se sospechaba puedieran llegar a existir.
Mientras unos trabajos desaparecen por innecesarios, otros surgen como setas después de la lluvia. Si a nuestros abuelos les dijeran que habría gente que se ganaría la vida por ejemplo paseando perros de otras personas, se quedarían asombrados. Pues si van a Nueva York y se dan una vuelta por Central Park, como hacen todos los turistas, podrán ver el espectáculo gracioso de los ³pasea chuchos², que resulta tanto más cómico, como que los animales son de distintas razas y tamaños y vemos a un Gran Danés, tirando del grupo y arrastrando a un Chiguagua.
En fin el desarrollo de la sociedad humana ha sido capaz de generar riqueza y puestos de trabajo dignos como nunca se ha conocido en la historia de la humanidad. Pero en el gérmen de todo progreso está ínsito el problema y la causa de su destrucción. Y así como pasa con los medicamentos, lo que cura una cosa afecta y pueden dañar otra.
Y con los puestos de trabajo pasa lo mismo. La misma evolución de la sociedad produce enorme riqueza y la posibilidad de que gran cantidad de bienes están al alcance de todo el mundo. En realidad, cabría hablar de problemas de superproducción en el mundo desarrollado. Tenemos de todo, producimos en exceso para cubrir la demanda. La competencia entre las empresas, hace que unas se arruinen y otras se enriquezcan, lo que forma parte del mecanismo saludable de la renovación natural. A la vez, el mundo pobre sigue tan pobre como siempre o más si cabe.
Las crisis económicas del mundo capitalista ya no son de escasez, de hambruna, de pestes, como en la edad media y en el mundo antiguo. Son de crecimiento, de supervaloración de activos, sobre todo inmobiliarios, de exceso de crédito, de exceso de producción.
Si se quedan sin trabajo y en el paro millones de trabajadores, es porque tenían trabajo. Parece una simpleza, pero en realidad es lo que pasa. Cuando un sector sobredimensionado, como ha pasado en España con el del ladrillo, cae como consecuencia de su misma y exagerada hipertrofia, el efecto multiplicador que produce lanza a la calle a ciento de miles de personas. Pero como ya dije, en el mismo bien de desarrollo económico que produjo el mundo inmobiliario, estaba el germen de su propia destrucción. En realidad no deberíamos asombrarnos porque haya pasado lo que ha pasado.
La crisis económica más importante ha venido precisamente de donde se generaba la riqueza que luego ha producido la crisis, es decir, del aparato financiero capitalista de finales del siglo veinte. La especulación, la ingenieria financiera sin control, lo beneficios exagerados de las entidades bancarias, las comisiones, los altos sueldos de los ejecutivos, primeros beneficiarios del sistema y principales verdugos y responsables de su caídaŠ
Tienen razón los sindicatos y los partidos de izquierda cuando dicen que los que han provocado la crisis deben de pagarla. Pero esto no funciona así, porque en el capitalismo el que sigue teniendo el poder es el capital y los trabajadores continúan siendo las principales víctimas de las recesiones económicas.
La única solución pasa por el pacto social, serio y justo de todas las fuerzas de un país, debiendo dar ejemplo en primer lugar los que están arriba en la escala social, es decir, los que tienen el poder, ya sea político o económico y los sindicatos haciendo ejercicio de responsabilidad. Y empujar todos del carro a la vez. Así se sale del atasco. Pero esto es más difícil de hacer que decir, porque falta solidaridad y el sentido de lo común y cada uno trata de arrimar el ascua a su sardina.
Mientras tanto, mientras llega el diente de sierra para arriba, que vendrá, no lo duden, los que se quedan en el camino, siempre son los más débiles, los menos preparados, los que tienen menos oportunidad de encontrar un nuevo trabajo. Para estos, la protección social, el reciclaje profesional y la ayuda de la familia son las únicas salidas.
Pero lo que la sociedad necesita es gente con ideas nuevas, con ilusión, con imaginación, con capacidad de trabajo, la gente que realmente tira del pelotón, aunque se juegue el tipo mucho más que los que le siguen a rueda. A estos hay que apoyarlos y motivarlos, porque son los que en realidad pueden ayudar a salir del bache a los demás.
sábado, 1 de mayo de 2010
EL VELO ISLAMICO
Y sigue la guerra del pañuelo, del yihab, del burka. También la del crucifijo. Los laicistas acaban de perder una batalla jurídica en Zaragoza, donde un juez ha dicho que obligar al Ayuntamiento de la ciudad o más bien a su alcalde Belloch, socialista el hombre por cierto, a retirar el crucifijo que preside su mesa en los plenos, no es de recibo, porque sería tanto como primar el agnosticismo. Hombre, algo de bueno tiene la sentencia y es que pone al mismo nivel ambas tendencias ideológicas, pero para mí está claro que el Sr. Juez no está acertado en su opinión jurídica, pues los laicistas no tienen porque ser agnósticos o ateos, también pueden ser religiosos, aunque lo que pretenden es que de verdad sean separados el Estado de la religión. De cualquier religión, obviamente. Y que los signos religiosos desaparezcan del espacio público. Difícil batalla, que precisa de grandes esfuerzos para conseguir pequeños logros.
Yo estoy convencido de que la guerra de los crucifijos en centros públicos acabará ganándose, pero va a costar Dios y ayuda, porque la inercia social no se cambia de la noche a la mañana.
Pero cuando estamos tratando de conseguir pequeñas victorias ciudadanas en lucha con la poderosísima tradición social católica, no encontramos ahora con que vienen los otros, los mahometanos, a tratar de hacer lo mismo o algo parecido. Era lo que nos faltaba. Tiene la ventaja la cuestión de los musulmanes que, como son iconoclastas, pues no pretenden imponer ni colocar sus signos en ningún lugar, por la sencilla razón de que no los tienen. A ellos les basta una alfombra y el suelo para rezar y no gastan en velas ni en procesiones. Pero tienen un punto flaco, que choca con la realidad occidental, sobre todo del derecho de las mujeres.
Nosotros ya hemos conocido los tiempos en que nuestras féminas andaban con el pelo tapado y en que tenían que ponerse un velo y medias hasta en el verano más caluroso para entrar en una iglesia. La religión católica, como la judía y la de Mahoma, no andan tan lejos unas de otras en estas cosas.
Desde el punto de vista puramente policial, o sea, para poder identificar a la gente, no es lo mismo una pañuelo tapando el pelo, que un velo, que el burka. En ese sentido es lógico que se impongan restricciones a las mujeres que los lleven. Ya se han dado casos de féminas que han pretendido comparecer ante un tribunal con prendas que les tapan la cara o pasar fronteras, con lo cual no se pueden identificar y eso no puede ser y además es imposible en un país avanzado y democrático.
También tenemos el conflicto en algunos colegios, que no es que se opongan a que una niña lleve un pañuelo en la cabeza porque sí, sino porque los prohíben sus normas, que deben de ser iguales para todos.
Pero los franceses, sabios ellos siempre a la hora de legislar, ya han dado en el clavo con este asunto. El tapar la cara por la calle con esta clase de vestidos supondrá una infracción administrativa leve, penada con 150 euros, que se impondrán lógicamente a la que no cumpla la norma.
Pero en el proyecto de ley, va algo más bien interesante, porque ataca al meollo real de la cuestión y es la obligación impuesta a una mujer por motivos religiosos de llevar esta prenda. Ahí se convertirá en delito con multa de hasta 15.000 euros y un año de cárcel, a imponer al o los impositores. Es verdad que descubrir estos casos, sin la colaboración de la afectada que siempre va a decir que los lleva voluntariamente y que nadie le obliga, no resultará fácil, pero es un primer paso para ayudar a las que de verdad quieran salirse de la tela de araña fatal que presiona a las mujeres, en contra de su dignidad y su derechos, a utilizar prendas medievales en una sociedad libre y democrática.
Como muchas veces copiamos de nuestros vecinos del norte, bueno será que empecemos a regular legalmente este asunto, antes de que tome más entidad y que no nos pille el toro como a menudo pasa en España. Estas cosas hay que pararlas lo antes posible, que luego hay que andar a zurriagazos con la gente y es mucho peor.
Yo estoy convencido de que la guerra de los crucifijos en centros públicos acabará ganándose, pero va a costar Dios y ayuda, porque la inercia social no se cambia de la noche a la mañana.
Pero cuando estamos tratando de conseguir pequeñas victorias ciudadanas en lucha con la poderosísima tradición social católica, no encontramos ahora con que vienen los otros, los mahometanos, a tratar de hacer lo mismo o algo parecido. Era lo que nos faltaba. Tiene la ventaja la cuestión de los musulmanes que, como son iconoclastas, pues no pretenden imponer ni colocar sus signos en ningún lugar, por la sencilla razón de que no los tienen. A ellos les basta una alfombra y el suelo para rezar y no gastan en velas ni en procesiones. Pero tienen un punto flaco, que choca con la realidad occidental, sobre todo del derecho de las mujeres.
Nosotros ya hemos conocido los tiempos en que nuestras féminas andaban con el pelo tapado y en que tenían que ponerse un velo y medias hasta en el verano más caluroso para entrar en una iglesia. La religión católica, como la judía y la de Mahoma, no andan tan lejos unas de otras en estas cosas.
Desde el punto de vista puramente policial, o sea, para poder identificar a la gente, no es lo mismo una pañuelo tapando el pelo, que un velo, que el burka. En ese sentido es lógico que se impongan restricciones a las mujeres que los lleven. Ya se han dado casos de féminas que han pretendido comparecer ante un tribunal con prendas que les tapan la cara o pasar fronteras, con lo cual no se pueden identificar y eso no puede ser y además es imposible en un país avanzado y democrático.
También tenemos el conflicto en algunos colegios, que no es que se opongan a que una niña lleve un pañuelo en la cabeza porque sí, sino porque los prohíben sus normas, que deben de ser iguales para todos.
Pero los franceses, sabios ellos siempre a la hora de legislar, ya han dado en el clavo con este asunto. El tapar la cara por la calle con esta clase de vestidos supondrá una infracción administrativa leve, penada con 150 euros, que se impondrán lógicamente a la que no cumpla la norma.
Pero en el proyecto de ley, va algo más bien interesante, porque ataca al meollo real de la cuestión y es la obligación impuesta a una mujer por motivos religiosos de llevar esta prenda. Ahí se convertirá en delito con multa de hasta 15.000 euros y un año de cárcel, a imponer al o los impositores. Es verdad que descubrir estos casos, sin la colaboración de la afectada que siempre va a decir que los lleva voluntariamente y que nadie le obliga, no resultará fácil, pero es un primer paso para ayudar a las que de verdad quieran salirse de la tela de araña fatal que presiona a las mujeres, en contra de su dignidad y su derechos, a utilizar prendas medievales en una sociedad libre y democrática.
Como muchas veces copiamos de nuestros vecinos del norte, bueno será que empecemos a regular legalmente este asunto, antes de que tome más entidad y que no nos pille el toro como a menudo pasa en España. Estas cosas hay que pararlas lo antes posible, que luego hay que andar a zurriagazos con la gente y es mucho peor.
domingo, 25 de abril de 2010
EL JUEZ LUCIANO VARELA
Los que hemos conocido y sufrido en ocasiones al Juez Luciano Varela, sabemos de su mala costumbre de enmendar la plana a los abogados en Sala, corregirles e incluso pretender darles clases de derecho, sin tener en cuenta que se trataba de actuaciones públicas, en las que a menudos estaban presentes los clientes del abogado corregido y abochornado en público.
Pues bien, este mal hábito, que parece no ha perdido, le ha dado a la defensa del Juez Garzón una oportunidad de oro para presentar recusación contra él, por falta de imparcialidad como instructor del caso ya que, según dice la prensa, única información de que dispongo, parece ser que rechazó el escrito de calificación de Falange Española, indicándole incluso que es lo que debería de corregir.
Hombre, prime facie, parece que no debe de ser la labor de un instructor el enmendar la plana a las defensas o las acusaciones y mucho menos marcarles el camino de lo que deben de hacer, que ya se supone lo sabrán sus abogados y si no, pues peor para ellos y sus tesis acusatorias, porque los fallos procesales se reflejan como es lógico en la causa y pueden dar lugar a consecuencias bien negativas para las finalidades que pretenden los que acusan.
Lo más curioso de este asunto es que D. Luciano Varela, socio fundador de Jueces para la democracia, mentor de la Ley del Jurado, juez progresista y de izquierdas donde los haya, se ha convertido de la noche a la mañana en el enemigo público número uno de los que piensa como él. Pareciera que el hombre tiene algo personal contra su compañero y que su actuación obedezca a impulsos extrajudiciales, pero yo estoy convencido de que el Juez Luciano Varela es un profesional íntegro y estricto y se ha limitado a aplicar la Ley. Si el Juez Garzón ha cometido o no el delito de prevaricación de que se le acusa en la causa, se verá en el juicio (si es que por fin lo abre el juez instructor), pero el hecho de pasar a la fase de juicio oral no significa si no que se estima existen indicios firmes de que pueda haber tal delito.
Y haberlos hailos, a mi juicio, porque abrir una causa penal nada menos que a todo un periódo traumático de nuestra historia, sabiendo perfectamente que era incompetente para hacerlo y que nunca iba a prosperar, es usar del poder que el Estado le ha concedido, que es mucho, para hacer política, facultad que nadie le ha dado al Sr. Garzón. Esto es en realidad lo que ha ocurrido y en eso se basa el juez Luciano Varela para instruir la causa. Eso son hechos objetivos.
Naturalmente, el hecho de que el Ministerio Fiscal no acuse y que se haya producido la recusación de Luciano Varela, por haber caído también en un exceso procesal, le da un balón de oxígeno importante a la defensa de Garzón, además del apoyo popular, que evidentemente lo tiene. Ahora veremos que dice el Tribunal Supremo, que es quien tiene la última palabra. Pronto lo sabremos. Pero que Luciano Varela no se va a mover un ápice de su postura, por muchas manifestaciones que le hagan, eso si creo poder asegurarlo. La solución, bien pronto.
Pues bien, este mal hábito, que parece no ha perdido, le ha dado a la defensa del Juez Garzón una oportunidad de oro para presentar recusación contra él, por falta de imparcialidad como instructor del caso ya que, según dice la prensa, única información de que dispongo, parece ser que rechazó el escrito de calificación de Falange Española, indicándole incluso que es lo que debería de corregir.
Hombre, prime facie, parece que no debe de ser la labor de un instructor el enmendar la plana a las defensas o las acusaciones y mucho menos marcarles el camino de lo que deben de hacer, que ya se supone lo sabrán sus abogados y si no, pues peor para ellos y sus tesis acusatorias, porque los fallos procesales se reflejan como es lógico en la causa y pueden dar lugar a consecuencias bien negativas para las finalidades que pretenden los que acusan.
Lo más curioso de este asunto es que D. Luciano Varela, socio fundador de Jueces para la democracia, mentor de la Ley del Jurado, juez progresista y de izquierdas donde los haya, se ha convertido de la noche a la mañana en el enemigo público número uno de los que piensa como él. Pareciera que el hombre tiene algo personal contra su compañero y que su actuación obedezca a impulsos extrajudiciales, pero yo estoy convencido de que el Juez Luciano Varela es un profesional íntegro y estricto y se ha limitado a aplicar la Ley. Si el Juez Garzón ha cometido o no el delito de prevaricación de que se le acusa en la causa, se verá en el juicio (si es que por fin lo abre el juez instructor), pero el hecho de pasar a la fase de juicio oral no significa si no que se estima existen indicios firmes de que pueda haber tal delito.
Y haberlos hailos, a mi juicio, porque abrir una causa penal nada menos que a todo un periódo traumático de nuestra historia, sabiendo perfectamente que era incompetente para hacerlo y que nunca iba a prosperar, es usar del poder que el Estado le ha concedido, que es mucho, para hacer política, facultad que nadie le ha dado al Sr. Garzón. Esto es en realidad lo que ha ocurrido y en eso se basa el juez Luciano Varela para instruir la causa. Eso son hechos objetivos.
Naturalmente, el hecho de que el Ministerio Fiscal no acuse y que se haya producido la recusación de Luciano Varela, por haber caído también en un exceso procesal, le da un balón de oxígeno importante a la defensa de Garzón, además del apoyo popular, que evidentemente lo tiene. Ahora veremos que dice el Tribunal Supremo, que es quien tiene la última palabra. Pronto lo sabremos. Pero que Luciano Varela no se va a mover un ápice de su postura, por muchas manifestaciones que le hagan, eso si creo poder asegurarlo. La solución, bien pronto.
jueves, 22 de abril de 2010
BRASILIA, CINCUENTA AÑOS
Estuve en la capital de Brasil en el año 1.980. Ahí es nada, como pasa el tiempo. O sea, la conocí cuando todavía era una jovencita. Reconozco que tenía una gran curiosidad por verla, pues sabia que se trataba de una ciudad única en el mundo.
Brasilia no me decepcionó. Es, simplemente, una ciudad distinta y genial. Por ejemplo, no tiene cruces ni semáforos, porque todas las calle se cruzan a distinto nivel. !Ole la grasia! A ver qué ciudad del mundo puede poner encima de la mesa tales atributos. Las perspectivas, algo realmente importante en el diseño urbanístico, están calculadas con precisión matemática, pero también con sentido estético. Si uno va al museo principal de la ciudad, puede ver una fotografía del presidente visionario Juscelino Kubitschek,con los brazos abiertos, exponiendo su idea. El esquema de la nueva capital de Brasil sería una cruz o un avión, lo que sea, pero en todo caso, un cuerpo central y un travesaño horizontal. Como una catedral gótica, que también la tiene, pero nada que ver con la de Burgos, por ejemplo.
El espacio entre los edificios es tan grande, que resulta difícil andarlos y el transporte sobre ruedas es obligado.
Recuerdo que me llamó la atención las numerosas zonas verdes (la que más tiene de todo Brasil), pero también que el césped estaba agostado, o sea, amarillo. Explicaron que hacían falta tantas toneladas de agua, que resultaba muy caro mantenerlas regadas.
Con todo, le recominedo a cualquiera una visita a Brasilia. Es algo distinto, donde se puede apreciar, el ingenio arquitectónico, los grandes espacios, las mejores perspectivas y la mayor sensación de amplitud que uno pueda sentir en ninguna otra urbe del mundo mundial.
Brasilia no me decepcionó. Es, simplemente, una ciudad distinta y genial. Por ejemplo, no tiene cruces ni semáforos, porque todas las calle se cruzan a distinto nivel. !Ole la grasia! A ver qué ciudad del mundo puede poner encima de la mesa tales atributos. Las perspectivas, algo realmente importante en el diseño urbanístico, están calculadas con precisión matemática, pero también con sentido estético. Si uno va al museo principal de la ciudad, puede ver una fotografía del presidente visionario Juscelino Kubitschek,con los brazos abiertos, exponiendo su idea. El esquema de la nueva capital de Brasil sería una cruz o un avión, lo que sea, pero en todo caso, un cuerpo central y un travesaño horizontal. Como una catedral gótica, que también la tiene, pero nada que ver con la de Burgos, por ejemplo.
El espacio entre los edificios es tan grande, que resulta difícil andarlos y el transporte sobre ruedas es obligado.
Recuerdo que me llamó la atención las numerosas zonas verdes (la que más tiene de todo Brasil), pero también que el césped estaba agostado, o sea, amarillo. Explicaron que hacían falta tantas toneladas de agua, que resultaba muy caro mantenerlas regadas.
Con todo, le recominedo a cualquiera una visita a Brasilia. Es algo distinto, donde se puede apreciar, el ingenio arquitectónico, los grandes espacios, las mejores perspectivas y la mayor sensación de amplitud que uno pueda sentir en ninguna otra urbe del mundo mundial.
lunes, 19 de abril de 2010
LAS RELACIONES DE PAREJA.-
En las relaciones de pareja, llamese matrimonio, unión de hecho o arrimamiento, como se quiera, los sentimientos de querencia, eso que llamamos amor de forma eufemística e indefinida, raramente son al fifti-fifti. Hay matrimonios que han durado muchos años, como eran los de nuestros abuelos. Los mios maternos, tuvieron una relación de 60 o 70 años, nueve hijos, en fin, una unión de toda la vida… Pues bien, mi abuelo siempre estuvo enamoradísimo de su esposa y mi abuela, Sara se llamaba, simplemente se dejaba querer. La historia de mis padres es parecida. Mi padre conoció a mi madre cuando ella tenía 14 años y el 29. Tomás, que así se llamaba, siempre fue un amante apasionado, aunque dominante y machista, como correspondía a la época. Y ella siempre dijo que se casó con él “porque era muy simpático y contaba muchas historias graciosas”...
Quiero decir con esto, que la duración de una relación sentimental no depende solamente de la equivalencia exacta de los sentimientos amorosos, ni mucho menos. Los ejemplos de mi familia que he puesto abundan por doquier y es seguro que Uds. han conocido muchos. La estabilidad de la relación de pareja depende en realidad de algo distinto al amor, como es la tolerancia, la comprensión y la aceptación de los defectos del otro. Es algo parecido a la amistad. Aunque el amor y el sexo son importantes, es la capacidad de tolerar, de comprender al otro lo que fundamenta bien la relación. Y ello porque si el criterio único fuera el del amor, como se suele pensar equivocadamente, la cosa fallaría enseguida, teniendo en cuenta que no es materia que se pueda medir ni pesar, para poder decirle al otro: “yo te quiero, más que tú a mí…”
Partiendo de esa premisa, la convivencia de la pareja es un cóctel complicado que se compone de amor, de sexo, de paciencia, de comprensión y sobre todo de tolerancia hacia los defectos del otro.
Es cierto que existen casos en donde el enamoramiento es profundo, recíproco y duradero y eso hace obviar todos los problemas, de la clase que sean, porque el amor está por encima de todo. De estos yo he conocido algunos y he de decir que una relación de esa clase, que roza lo místico, ya no sólo está por encima de lo afectivo, lo moral o lo económico, sino incluso por encima del sexo y sus frecuentes complicaciones. Sería el caso del cónyuge, tan enamorado de su pareja, que desea que goce sexualmente incluso con otros hombres o mujeres y que, si alguno se atreve a hacerle sufrir en su relación es capaz incluso de salir en defensa de la misma, como si fuera propia…
En fin, las complicadas relaciones humanas, de hombre a mujer, de hombre a hombre y de mujer a mujer no son algo rígido ni estático, como pretende mucha gente, sobre todo los religiosos o moralistas . Al contrario, son algo vivo, que está evolucionando constantemente y que a menudo desborda los estrechos cauces sociales en donde se les pretende encajonar.
Es como la tecnología. El hecho de que haya multitudes enormes a los que les cueste cambiar sus costumbres de trabajo, no quiere decir que estén en posesión de la verdad. Lo único que revela es que son muchos y por tanto, tienen la fuerza de la multitud. Pero la de la razón y la ciencia acaba imponiéndose siempre, sencillamente porque obedece a motivos objetivos y empíricos, que son los únicos que de verdad pueden hacer avanzar a la humanidad en el terreno a que debemos de aspirar todos: la libertad, la igualdad de los seres humanos y la fraternidad entre todos.
Quiero decir con esto, que la duración de una relación sentimental no depende solamente de la equivalencia exacta de los sentimientos amorosos, ni mucho menos. Los ejemplos de mi familia que he puesto abundan por doquier y es seguro que Uds. han conocido muchos. La estabilidad de la relación de pareja depende en realidad de algo distinto al amor, como es la tolerancia, la comprensión y la aceptación de los defectos del otro. Es algo parecido a la amistad. Aunque el amor y el sexo son importantes, es la capacidad de tolerar, de comprender al otro lo que fundamenta bien la relación. Y ello porque si el criterio único fuera el del amor, como se suele pensar equivocadamente, la cosa fallaría enseguida, teniendo en cuenta que no es materia que se pueda medir ni pesar, para poder decirle al otro: “yo te quiero, más que tú a mí…”
Partiendo de esa premisa, la convivencia de la pareja es un cóctel complicado que se compone de amor, de sexo, de paciencia, de comprensión y sobre todo de tolerancia hacia los defectos del otro.
Es cierto que existen casos en donde el enamoramiento es profundo, recíproco y duradero y eso hace obviar todos los problemas, de la clase que sean, porque el amor está por encima de todo. De estos yo he conocido algunos y he de decir que una relación de esa clase, que roza lo místico, ya no sólo está por encima de lo afectivo, lo moral o lo económico, sino incluso por encima del sexo y sus frecuentes complicaciones. Sería el caso del cónyuge, tan enamorado de su pareja, que desea que goce sexualmente incluso con otros hombres o mujeres y que, si alguno se atreve a hacerle sufrir en su relación es capaz incluso de salir en defensa de la misma, como si fuera propia…
En fin, las complicadas relaciones humanas, de hombre a mujer, de hombre a hombre y de mujer a mujer no son algo rígido ni estático, como pretende mucha gente, sobre todo los religiosos o moralistas . Al contrario, son algo vivo, que está evolucionando constantemente y que a menudo desborda los estrechos cauces sociales en donde se les pretende encajonar.
Es como la tecnología. El hecho de que haya multitudes enormes a los que les cueste cambiar sus costumbres de trabajo, no quiere decir que estén en posesión de la verdad. Lo único que revela es que son muchos y por tanto, tienen la fuerza de la multitud. Pero la de la razón y la ciencia acaba imponiéndose siempre, sencillamente porque obedece a motivos objetivos y empíricos, que son los únicos que de verdad pueden hacer avanzar a la humanidad en el terreno a que debemos de aspirar todos: la libertad, la igualdad de los seres humanos y la fraternidad entre todos.
miércoles, 14 de abril de 2010
GARZON Y ROBESPIERRE
Las cosas de la justicia son a menudo curiosas e incomprensibles para la gente no versada en el tema. Nos encontramos al Juez Garzón, al inefable y famoso juez, en vísperas de ser acusado del delito de prevaricación, es decir, de dictar una resolución injusta a sabiendas de que lo es. Se trata del asunto de la causa general contra el franquismo y la apertura de las fosas comunes. Lo más chocante de todo este asunto es que el magistrado del Supremo que lo ha empapelado es Luciano Varela, al que conocemos bien por estos pagos, buen juez, pero famoso por su rigidez y mala uva. Inefable también el detalle de que la resolución de D. Luciano, que supone prácticamente la apertura de juicio oral contra su compañero, ha sido la consecuencia de querellas presentadas por organizaciones de la ultra derecha. Si a esto añadimos que Varela es de jueces para la democracia, asociación progresista y es de suponer que hasta aquí amigo o buen compañero de Garzón, tenemos un cóctel realmente explosivo.
Robespierre fue el líder supremo e incontestable de los llamados jacobinos durante los tiempos más duros de la Revolución francesa y dado que era la pureza y la virtud revolucionaria con peluca, se dedicó a mandar a la guillotina a los enemigos de la causa y también a muchos amigos, que a él se le antojaba no tenía el grado de pureza necesario para liderar a las masas en la “liberté, egalité, legalité, fraternité y otras tes”. Entre otros, cayó el también purista Dantón…
Visto lo visto y que el bueno de Robespierre llevaba camino de no dejar a nadie indemne, sus propios correligionarios, en un ejercicio legítimo de autodefensa, decidieron que o lo quitaban de en medio o los próximos iban a ser ellos. Y el jacobino russoniano acabó en las fauces de la cruel máquina de matar, es de suponer que con el aplauso del público que contemplaba el espectáculo y le daba igual de qué cuello se tratara, con tal de pasarlo bien con tan macabra diversión.
Pues bien, guardando las distancias y con el debido respeto para el Sr. Magistrado, Garzón ha sido nuestro particular Robespierre democrático. Su guillotina, los autos de procesamiento, las redadas, los comisos y secuestros de bienes de supuertos maleantes, las órdenes radicales en cualquier sentido dentro de las que contempla la ley y otras muchas que a nadie se le habían ocurrido antes que a él.
Es verdad que tiene en su haber actuaciones bien valiosas y valientes contra terroristas, narcos, mafiosos y otras gentuzas que pululan por nuestra piel de toro. También y esto ya es más discutible desde mi punto de vista, ha sido el adalid, el guerrero implacable y avanzado de la cruzada española contra el mal. De eso que se ha dado en llamar jurisdicción universal y que no es sino un voluntarismo quijotesco, que nos has costado a los españoles dinero y disgustos diplomáticos por doquier.
Pero no lo es menos tampoco, que, con todo el poder que el Estado le ha dado al Sr. Garzón y el que se ha tomado él mismo por su cuenta a base de alquimia procesal y voluntarismo judicial, este magistrado no está para dictar sentencias, sino para tramitar causas. Y aunque la instrucción de un sumario es la base del posterior juicio, no cabe olvidar que lo importante realmente en todo juicio sea penal o civil, es el resultado final, o sea, la sentencia. Y visto bajo ese prisma, los fiascos del magistrado Garzón han sido bien abundantes y notorios. Y todos hemos podido ver con estupor cómo los casos iniciados con actuaciones tipo “hombres de Harrilson”, con medidas espectaculares por lo radical y lo fulminante, se han desinflado a lo largo de la instrucción y se han quedado en poco o nada en el juicio y en la sentencia última. En muchos casos, ni siquiera han llegado a juicio.
Y aquí es donde está la similitud entre el caso del revolucionario jacobino y nuestro Robespierre democrático. El Sr. Garzón ha querido en algunos hacerlo él todo, como si le sobrara para arreglar el país, el resto de los poderes democráticos. El no necesita más Ley de enjuiciamiento Criminal, que la vetusta del siglo XIX con la que nos valemos los juristas españoles. Tampoco necesita de mucho auxilio del ejecutivo que, desde luego, ha tenido siempre de su mano, porque cuando pone en marcha una de sus sensacionales redadas, aparecen aviones, helicópteros y tanques si falta hiciera.
Hace tiempo, cuando Garzón comenzó aceptando la querella para investigar los crímenes de la dictadura franquista, yo ya escribí que eso le iba pasar una factura bien alta, porque en un tema tan importante y delicado como este, sólo hay un juez que puede tomar medidas e iniciar una causa general contra el régimen de Franco. Y ese es el pueblo español, es decir, el Parlamento, que es quien lo representa. Y las fuerzas de izquierda que han metido al juez Garzón en el callejón sin salida en que ahora se encuentra, no tienen representación popular suficiente para hacer lo que han hecho. Le han dado entre todos a la extrema derecha (y a los terroristas vascos también por cierto) una oportunidad de oro para librarse de un juez que les molestaba particularmente.
Y en cuanto a la actuación de Luciano Varela, decir que éste se ha limitado a aplicar la ley y es que ningún juez, sea Garzón o cualquier otro, puede iniciar la instrucción de una causa, sabiendo perfectamente que no es competente para ello y que, después de toda la polvareda que aquello iba a levantar, cosa que también sabía este hombre, acabaría declarándose incompetente y archivándola o espallando los muertos a cada Juzgado donde fueron asesinados.
Queridos amigos de la izquierda, en democracia y sobre todo en el mundo del derecho, el fin no justifica los medios e incluso, según sean estos, pueden llegar a escarallar una buena causa y conseguir que Robespierre acabe en la guillotina, que es lo que va a pasar.
Robespierre fue el líder supremo e incontestable de los llamados jacobinos durante los tiempos más duros de la Revolución francesa y dado que era la pureza y la virtud revolucionaria con peluca, se dedicó a mandar a la guillotina a los enemigos de la causa y también a muchos amigos, que a él se le antojaba no tenía el grado de pureza necesario para liderar a las masas en la “liberté, egalité, legalité, fraternité y otras tes”. Entre otros, cayó el también purista Dantón…
Visto lo visto y que el bueno de Robespierre llevaba camino de no dejar a nadie indemne, sus propios correligionarios, en un ejercicio legítimo de autodefensa, decidieron que o lo quitaban de en medio o los próximos iban a ser ellos. Y el jacobino russoniano acabó en las fauces de la cruel máquina de matar, es de suponer que con el aplauso del público que contemplaba el espectáculo y le daba igual de qué cuello se tratara, con tal de pasarlo bien con tan macabra diversión.
Pues bien, guardando las distancias y con el debido respeto para el Sr. Magistrado, Garzón ha sido nuestro particular Robespierre democrático. Su guillotina, los autos de procesamiento, las redadas, los comisos y secuestros de bienes de supuertos maleantes, las órdenes radicales en cualquier sentido dentro de las que contempla la ley y otras muchas que a nadie se le habían ocurrido antes que a él.
Es verdad que tiene en su haber actuaciones bien valiosas y valientes contra terroristas, narcos, mafiosos y otras gentuzas que pululan por nuestra piel de toro. También y esto ya es más discutible desde mi punto de vista, ha sido el adalid, el guerrero implacable y avanzado de la cruzada española contra el mal. De eso que se ha dado en llamar jurisdicción universal y que no es sino un voluntarismo quijotesco, que nos has costado a los españoles dinero y disgustos diplomáticos por doquier.
Pero no lo es menos tampoco, que, con todo el poder que el Estado le ha dado al Sr. Garzón y el que se ha tomado él mismo por su cuenta a base de alquimia procesal y voluntarismo judicial, este magistrado no está para dictar sentencias, sino para tramitar causas. Y aunque la instrucción de un sumario es la base del posterior juicio, no cabe olvidar que lo importante realmente en todo juicio sea penal o civil, es el resultado final, o sea, la sentencia. Y visto bajo ese prisma, los fiascos del magistrado Garzón han sido bien abundantes y notorios. Y todos hemos podido ver con estupor cómo los casos iniciados con actuaciones tipo “hombres de Harrilson”, con medidas espectaculares por lo radical y lo fulminante, se han desinflado a lo largo de la instrucción y se han quedado en poco o nada en el juicio y en la sentencia última. En muchos casos, ni siquiera han llegado a juicio.
Y aquí es donde está la similitud entre el caso del revolucionario jacobino y nuestro Robespierre democrático. El Sr. Garzón ha querido en algunos hacerlo él todo, como si le sobrara para arreglar el país, el resto de los poderes democráticos. El no necesita más Ley de enjuiciamiento Criminal, que la vetusta del siglo XIX con la que nos valemos los juristas españoles. Tampoco necesita de mucho auxilio del ejecutivo que, desde luego, ha tenido siempre de su mano, porque cuando pone en marcha una de sus sensacionales redadas, aparecen aviones, helicópteros y tanques si falta hiciera.
Hace tiempo, cuando Garzón comenzó aceptando la querella para investigar los crímenes de la dictadura franquista, yo ya escribí que eso le iba pasar una factura bien alta, porque en un tema tan importante y delicado como este, sólo hay un juez que puede tomar medidas e iniciar una causa general contra el régimen de Franco. Y ese es el pueblo español, es decir, el Parlamento, que es quien lo representa. Y las fuerzas de izquierda que han metido al juez Garzón en el callejón sin salida en que ahora se encuentra, no tienen representación popular suficiente para hacer lo que han hecho. Le han dado entre todos a la extrema derecha (y a los terroristas vascos también por cierto) una oportunidad de oro para librarse de un juez que les molestaba particularmente.
Y en cuanto a la actuación de Luciano Varela, decir que éste se ha limitado a aplicar la ley y es que ningún juez, sea Garzón o cualquier otro, puede iniciar la instrucción de una causa, sabiendo perfectamente que no es competente para ello y que, después de toda la polvareda que aquello iba a levantar, cosa que también sabía este hombre, acabaría declarándose incompetente y archivándola o espallando los muertos a cada Juzgado donde fueron asesinados.
Queridos amigos de la izquierda, en democracia y sobre todo en el mundo del derecho, el fin no justifica los medios e incluso, según sean estos, pueden llegar a escarallar una buena causa y conseguir que Robespierre acabe en la guillotina, que es lo que va a pasar.
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