viernes, 18 de mayo de 2012

LAS COSAS DE LA VIDA

Puede una piculina ser testigo de Jeová? Puede un antiguo striper convertirse al islamismo más puro?. O sea, el que mantiene que todo lo del Corán es bueno y que prácticamente la inmensa mayoría de los mulsulmanes no siguen las reglas del libro sagrado. Yo recuerdo hace muchos años, cuando las películas porno las veíamos en celuloide de 8 mm y las cámaras eran como las de ahora de vídeo, pero sólo en cuanto al tamaño, que las artistas del follaje a menudo ejercían su trabajo con un crucifijo que les colgaba del cuello, mientras adoptaban las diversas posturas que el ser humano ha ido inventado para ejercitar el antiguo deporte del sexo. Observen que los animales no tienen imaginación al respecto. O sea, que siempre lo hacen igual, sea una mosca o un elefante. Pero entre las muchas y variadas cosas que nos distinguen de los animales, está precisamente eso, la capacidad de comunicarnos sexualmente unos con otros, incluyendo las relaciones homoxesuales, que de eso los animales tampoco saben mucho. Así que hay que llegar a la conclusión de que la cabeza del ser humano es quizás de lo más complicado que existe en la creación. Por eso estamos donde estamos y como estamos. El hombre (y no quieran que diga la hombra, porque me niego) es capaz de inventar una religión, o una filosofía política, con todas las mejores intenciones. Casi siempre es así. Da igual que hablemos de Moisés, Jesucristo, Mahoma o Confucio. Podemos citar a Platón, Santo Tomás de Aquino, Voltaire o Marx. Eso por citar algunos de los pensadores religiosos o políticos más conocidos, que hay muchos más, por supuesto. Pero siempre, en todo caso, de forma inevitable, todas sus buenas intenciones han terminado de la misma manera. Han evolucionado de forma sistemática hacia técnicas de control del hombre por el hombre. Sus principios, se han prostituido, devaluado y convertido a veces en actitudes, comportamientos y costumbres verdaderamente monstruosas, que, si el interesado levantara la cabeza, seguro que se suicidaba de la impresión. Todas las barbaridades que se han cometido y se siguen haciendo en la historia de la humanidad en nombre de sagrados principios religiosos y filosóficos, en su día concebidos con la mejor de las intenciones, como era mejorar la perversa condición del homínido que somos, son de sobras conocidas. Y aquí no se salva nadie. Ni el judaismo, ni el cristianismo, ni el islamismo, ni el el comunismo, ni todos los ismos inventados a lo largo de la historia de nuestro personaje, desde que fue capaz de andar erguido sobre dos piernas. Curiosamente, las excusas de los acólitos de cualquiera de los ismos a que me refiero, son siempre las mismas. La teoría es buena, solo que no se sigue. No mires los que hacen los otros, sino que trata de cumplir lo que la dice la norma. Dios es bueno, justo y todopoderoso. Pero si no interviene en los asuntos de los humanos, usando de sus poderes, que lo tendría fácil, digo yo, que para eso es Dios, es porque el ser humano es dueño de su destino y tiene lo que se llama “el libre albredío”. O sea, que puede hacer lo que le dé la gana, bueno malo y atenerse a las consecuencias. O sea, que a la fin y a la postre, ni Dios ni Marx nos valen para nada. Así, el stripter islamista puro te dice que los más mil millones de musulmanes que están por la Yihad y por la Sharia, o sea la guerra santa o aplicar la Ley coránica a todo el mundo a la fuerza. Que todo el que no piense como ello en un enemigo despreciable al que se puede eliminar como si fuera una cucaracha. Y otras tantas lindezas que defienden los integristas de islam, todas ellas están fuera de la realidad seráfica de lo que en realidad se contiene en el Libro Sagrado. Por otra parte, la meretriz testigo de Jeová, cuando le propones que sea tu amante, dice que su religión no se lo permite y que ella es monógama de suyo y que tú también deberías de serlo. Sabido es que los Testigos consideran a todos los que no piensan como ellos como una especie de muertos vivientes. O sea, en realidad, no están tan lejos de los mulsulmanes integristas con respecto a lo que ellos llaman infieles. Así hay que pensar, que si los testigos llegaran al poder, nos machacarían, aparte de prohibir por decreto las transfusiones de sangre. Que todo esto nos pase en el siglo XXI, a mí me parece un auténtico mal social, porque en nombre Dios y de los ismos el ser humano ha cometido las mayores barbaridades y crueldades que se puedan imaginar. Pero es que ahí seguimos y no aprendemos o lo hacemos muy lentamente. A uno le gustaría tener una máquina del tiempo y saltar quinientos o mil años en nuestra historia. Estoy seguro de que entonces habrían desaparecido muchos de estos problemas mentales que tenemos, que en realidad son bien estúpidos, porque el hombre (no me hagan decir la hombra) puede cambiarlos sencillamente, sólo con el poder de su mente.

lunes, 14 de mayo de 2012

UN AÑO DEL 15 M

Hace un año escribía, a punto las elecciones del 22 M, que el PP iba arrasar, y lo hizo, sobre todo porque la gente quería cambiar de tercio y necesitaba una alternativa a las posibles soluciones a la economía que el anterior gobierno del PSOE había puesto en marcha y que se veían insuficientes. También escribia sobre el movimiento ciudadano del 15 M: “ Pero tenemos el movimiento ciudadano del 15 M que, como ya se veía venir también, va a acabar a palos. Lo primero que habría que decir es que la pequeña revuelta (numéricamente son muy pocos, como es obvio), ha comenzado en la nube, o sea, por internet. Lo segundo es que se entiende perfectamente es que los que han salido a la calle se califiquen como indignados, porque es verdad que hay muchas cosas en este y en todos los países de mundo que pueden ser objeto de indignación. La tercera observación es que se trata de un movimiento pacífico. Hay que recordar las revueltas sangrientas del año pasado en países como Alemania o Francia y comparar. A partir de ahí hay que darse una vuelta por cualquiera de esta concentraciones y se puede observar lo variopinto de los personajes que ahí habitan. La ideología predominante es la de los llamados antisistema, antiglobalización o antitodo. Muchas de las frases y de los eslogan que se pueden leer, son pura demagogia, cuando no lugares comunes que cualquiera puede suscribir. Me recuerdan a una joven de aspecto desaliñado que se me aproxima y me dice que le firme un manifiesto contra la guerra. Es evidente que todos estamos contra la guerra, pero eso no significa que a veces no sea inevitable ya veces bien necesaria. O sea, que el problema como siempre, es de matices. La realidad es que en la vida nada es totalmente blanco ni totalmente negro. Ni totalmente bueno, ni totalmente malo. Siempre existen tonalidades. La proclamas y asambleas a la griega (me refiero a la antigua, a la del ágora), las intervenciones más o menos brillantes de los participantes no dejan de tener un aire romántico e ingenuo. Quieren acabar con el capitalismo, con la corrupción y caminar hacia una democracia verdadera. ¡Ahí es nada¡ Díganme en que tienda se vende ese producto que me pondré a la cola aunque sea por horas. Y a fe que detesto las colas. En las proclamas también existe un especie de menosprecio para todos los demás ciudadanos, los que votan por ejemplo a los grandes partidos, como si fueran una pandilla de borregos que ni saben lo que quieren ni a donde van. Bueno, pues tampoco es esto es así, chicos. A mi me recuerda a muchos de partidos minoritarios, sobre todo nacionalistas en Galicia, que reniegan de que este país vote mayoritariamente a la derecha. Claro, es que resulta que la democracia consiste en eso, en que todo el mundo pueda dar su opinión opinión. Un hombre, un voto. Y todos los votos valen igual. Este parece que es el menos malo de los sistemas, que hemos inventado hasta ahora. Hombre, a mí se me ocurre que sería bueno aumentar el protagonismo del pueblo español, ampliando las posibilidades de convocar referéndum, ejercicio democrático bien conveniente y del que por aquí andamos escasos. Habria muchos asuntos que se deberían de votar de forma directa por el pueblo. Y yo propongo que estas consultas se realicen siempre por via telemática, con firma electrónica, que para eso ya tenemos nuestro D.N.I., ahora escasamente utilizado. El ahorro de costes sería inmenso y nuestra democracia se fortalecería. Y el próximo paso a conseguir sería lo que yo llamo “democracia simultánea”, es decir, que todos los ciudadanos participáramos de forma directa en la formación y votación de las leyes, a través como he dicho de medios informáticos, baratos, reales y de resultados inmediatos. Claro que entonces empezarían a sobrar los parlamentos, los senados… Y muchos políticos se quedarían sin chollo. ¿Pero no es eso lo que predican y quieren los de las acampadas del 15M? Pues ahí tienen un idea que de verdad tiene futuro, aunque seguramente muchos no lo veremos. Se la regalo para que la cuelguen de una tienda de campaña. Y les aseguro que es mucho menos utópica que las que hay penduradas en estos momentos por las plazas de España. Salud. ” Pues bien, pasado un año, la realidad es que el movimiento 15 M se ha ido desinflando y perdiendo fuerza y aunque han sido capaces de congregar a varios miles de personas en la Puerta del Sol de Madrid y la Plaza de Cataluña de Barcelona, pongo por caso, la verdad es que las concentraciones distan mucho de los asentamientos permanentes de hace doce meses. La realidad es que la democracia asamblearia, la del ágora, sólo ha funcionado de forma permanente cuando se ha llegado a institucionalizar. Es decir, cuando tiene unas reglas de comportamiento y una organización jerárquica. O sea, cuando se convierte en lo que es en realidad un partido político. Una organización cuya finalidad es conseguir el poder, con su secretario general, sus comités ejecutivos, sus federaciones y sus congresos. Y entonces ya deja de ser asamblearia. Pero sobre todo, tiene que existir una ideología o pensamientos compartidos. Y resulta que las gentes del 15 M, lo único que comparten es la indignación. O sea, saben que hay injusticias, saben que hay muchas cosas que no les gustan. Saben que el poderoso abusa del débil. Pero es que, en realidad, eso lo sabemos todos. Pero es que lo que hace falta no es la crítica, que está muy bien, si no las soluciones. Y eso ya es harina de otro costal. Es decir, la crítica es positiva cuando es constructiva, cuando propone alternativas realistas y viables. Y ahí ya es más difícil el arreglar las cosas. Sabido es que algunos líderes del mayo de 68, en París, que se dedicaban a tirar adoquines a la policía, acabaron siendo influyentes personajes políticos, cuando encajaron en el sistema. En Sudamérica tenemos bastantes ejemplos de guerrilleros y gentes de ultraizquierda que han llegado al poder (vease la Presidenta de Brasil o el de Paraguay) y que ahora han moderado totalmente sus ideas hasta el punto de parecer todo lo contrario de lo que eran en sus apasionados tiempos jóvenes. El problema es que, llegados al poder, todos se dan cuenta de que una cosa es predicar y otra dar trigo. Y que nuestra economía no depende sólo de nosotros, aunque también, sino de factores externos en los cuales a veces podemos influir poco. Entre otras cosas de unos extraños especímenes con muchos tentáculos, llamados mercados y en los cuales, cosa curiosa, podemos estar todos, incluyendo algunos de los que se manifiestan en la Puerta del Sol. En suma, que el movimiento del 15 M estuvo muy bien, como reacción expontánea y de protesta, pero el único cauce válido que tiene para incluir de verdad en el cambio de las cosas es a través de la papeleta. Yo les recomendaría que traten de hacer un partido político y que se unan al de Rosa Diez, que es la única a estas alturas que ofrece alguna solución original y que se sale de la línea de todos los demás en muchas cosas. Aunque habría que ver lo que hacía si llega al poder.

lunes, 16 de abril de 2012

LA MONARQUIA ESPAÑOLA

El reciente accidente del Rey, cuando cazaba elefantes en Africa, pone de actualidad el tema de la monarquía en España. Eramos pocos, y parió la abuela. O sea, que al escándalo Urdangarín, un verdadero torpedo en la línea de flotación de la casa real, se une ahora este otro asunto, que deja en mal lugar a nuestro Rey y alimenta el fuego de los contrarios a este sistema de gobierno, que cada vez son o pueden ser más cada día.

No cabe olvidar que nuestro sistema político tiene en la cúspide un jefe de estado que fue educado y colocado ahí precisamente por el dictador Francisco Franco. España es un régimen monárquico en donde casi nadie es monárquico, aunque todavía abunden los partidarios de la monarquía lo cual no es lo mismo, evidentemente.

Uno tiene sus años y aún recuerda el tristemente famoso referéndum para decir Rey sí o Rey no, en el que no se permitió hacer publicidad o campaña a favor de la abstención, siguiendo los métodos antidemocráticos de la dictadura franquista. La realidad es que, si la gran mayoría del pueblo español apoya que D. Juan Carlos sea el jefe del Estado (el heredero del trono era en realidad D. Juan y si me apuran mucho D. Jaime, el hijo mayor del Rey Alfonso XIII), es por pura necesidad, lógica y buen sentido, porque todos nos olfateamos que, si esto fuera una república, iríamos a peor, o sea no iba a ser ninguna ventaja. Pero también existe un sentimiento, a veces casi en la profundidad del subconsciente, de que esto no va a durar demasiado, porque los españoles puede llegar un día que decidan que no precisan para nada esta monarquía impuesta desde la dictadura.

Así las cosas, para mí está claro que el sistema se aguanta, sobre todo en la medida de que se cumplan las reglas mínimas de una monarquía moderna: El Rey reina, pero no gobierna. El Rey procura no meter la pata y mantenerse en un discreto papel de representación, aunque en casos determinados pueda “ayudar” a España a nivel internacional, sobre todo con los países árabes más atrasados, mucho más dados a entenderse con un monarca que no con un Presidente de una república. El Rey y su familia tienen que procurar huir de los escándalos y dar sensación de que no abusan del cargo para nada. De esa manera, la situación se mantiene con el apoyo de los principales partidos políticos e incluso de los sindicatos, que no se meten con él.

Pero no cabe olvidar que a la monarquía, como a la iglesia, en el fondo sólo le importa una cosa, la pervivencia de sus instituciones.

A estas alturas del siglo XXI, si nos ponemos a filosofar sobre esta institución, que supone la sucesión automática del rey que fallece por su heredero, sin tener en cuenta que nos podria salir un verdadero inútil o algo peor (y ejemplos sobran en nuestra historia, acuérdense de Fernando VII, de que hablamos con ocasión de la efemérides de la Constitución de 1.812), la cosa es inmantenible. Si no fuera por lo que fuera y por el origen pactado de nuestro actual sistema democrático, la realidad es que la familia real podría vivir en París o en Roma y hacerle compañía a otras familias como la del exiliado Rey Constantino de Grecia, por cierto hermano de la Reina Sofía.

Pero tenemos lo que tenemos y de momento parece que es bueno y necesario seguir así. Pero eso no quiere decir que sea para siempre. Bueno, es que para siempre no hay nada. Como decía el castizo, todos los contratos de trabajo son temporales. Y la vida misma, hombre, que eso lo sabe cualquiera. Pues la monarquía también.

Así que el patinazo de ir a cazar elefantes, que yo no tengo nada contra eso, entre otras cosas porque los paquidermos, como es sabido, pueden matar a otros muchos animales de hambre, dado lo que tragan sólo en un día, así que hay que regular la especie y es comprensible que, con este control, los países pobres de Africa vendan las licencias para cargárselos a tiros bien caras.

Pero queda feo que el Rey, nuestro Rey, con la que está cayendo, se vaya de hurtadillas a gastar el dinero público para ejercer la caza mayor. O sea, es que aparte de lo caro que sale matar un elefante y que hay que coger el avión oficial y llevarse a todo el séquito necesario, es que no da buena imagen, porque hay muchos ciudadanos en este país que no les gusta que se maten a estos bichos. Pero es que además es peligroso, porque puede pasar de todo, desde romperse la cadera, como ha pasado, hasta que se encasquille el arma y el animal le pase por encima al cazador, con lo que pesa, y lo deje hecho papilla.

En suma, una metedura de pata real y nunca mejor dicho. Y el horno no está para bollos y hay que dar ejemplo de austeridad. Porque el día que los españoles nos demos cuenta, del Rey para abajo, todos, de que la cosa está muy seria y la crisis le puede alcanzar hasta el hombre más rico del país (o sea, el Sr. De Zara) en una u otra forma, a partir de ahí es cuando va a empezar la verdadera recuperación. Aunque tanto lo uno como lo otro, ambas cosas imbricadas, aún está lejos. Digo…

sábado, 7 de abril de 2012

LA AMNISTIA FISCAL

Y el Gobierno del PP no deja de sorprendernos. Después de afirmar rotundamente que no subiría los impuestos, ni abarataría el despido, y perseguiría a muerte el fraude fiscal, resulta que hace todo lo contrario. Con lo cual se demuestra lo que ya es sabido, que una cosa es predicar y otra dar trigo. Una estar en la oposición y otra muy distinta tener la responsabilidad de capitanear el buque, como le pasa ahora a Rajoy.

Pero, entre todas las medidas adoptadas, la mayoría inevitables si queremos que en la Unión europea no nos tiren de las orejas, resalta la del perdón fiscal a los incumplidores. Se trata de un asunto difícil y discutible, pero parece que se ha impuesto el pragmatismo. Ya se hizo en otros países europeos, porque, a grandes males, grandes remedios, y mucho mejor es perdonar los posibles castigos, que quedarse sin el santo ni la limosna. Me explicaré. Resulta que existe mucho dinero B o negro o como le queramos llamar, que escapa a la acción del fisco. Ni en todos los casos se trata de delitos ni defraudaciones contra la hacienda pública, porque pueden existir verdaderas fortunas ubicadas en países que son paraísos fiscales que podrían legalizarse, pero no afloran a veces por el puro miedo del dinero a que se discuta su procedencia o su fiscalidad. En suma, que si alguien tiene en un sitio seguros millones de dólares sin problemas, porqué los va a traer a un país como el nuestro en donde la administración pública, todas las haciendas en suma, están con los bolsillos vacios y deseando pillar al primero que pase para cobrarle impuestos, aunque sean de dudosa aplicación. Es decir, nadie va a traer dinero a un país en donde la seguridad jurídica (o sea, saber a qué atenerte con las leyes con claridad y en cualquier momento) a menudo brilla por su ausencia, un país en donde no se puede andar por la calle con más de 10.000 euros en efectivo, aunque sean tus ahorros de la vida, sin hacer una declaración a hacienda, diciendo de dónde vienen y a donde van tus dineros, o sea que te piden explicaciones de que piensas hacer con tus euros.. Y de momento, te requisan los cuartos y luego ya te explicarás.

También existe el dinero no declarado, aquél que está en la “vija”, como le contestaba Laureano Oubiña en el juicio al fiscal, cuando le preguntaba al personaje donde escondía su dinero, que ya hay que ser gili.

En ambos casos, la medida, aunque antipática, es positiva. Y ello por muchos motivos. Primero, el país necesita dinero urgentemente. Segundo, este dinero probablemente no se va a localizar fácilmente. Tercero, puede aflorar dinero al que le interese entrar en España de forma legal, aunque sea totalmente transparente en otros países con otra legislación. Cuarto, la medida es excepcional y temporal. Quinto, no se excluye en absoluto la mayor persecución del fraude fiscal.

Naturalmente que está feo perdonar a los infractores, pero no olvidemos que esta clase de medidas se adoptan en otros campos incluso más graves, como ocurre con los testigos protegidos de cierto delitos graves en muchas legislaciones, a lo que se llega a eximir de la pena. También se perdona parte de las multas por pronto pago, por ejemplo.

Así que, a mi juicio, no hay como para rasgarse las vestiduras y esperemos que la medida reporte los beneficios que de ella se esperan.

Más cosas se podrían hacer para obtener recursos. Por ejemplo, el caso del tesoro del navio Mercedes, Udes, se acordarán del pleito que el estado español ha mantenido con la empresa norteamericana dedicada a estos menesteres. El juicio se ha ganado y han venido para España más de 250.000 monedas de un enorme valor. Y uno se pregunta si necesitamos tal cantidad de ejemplares para nuestros museos, porque hay que suponer que estarán “repes”. O sea, que con dejar una selección, pongamos 1.000, que ya son, para exhibirlas, el resto se podría enajenar, sobre todo teniendo en cuenta que nos han caído del cielo y que al estado español le habrán costado una pasta en abogados.

Y quien dice esto, pues cosas parecidas, que hay que hacer caja si queremos salir lo antes posible de la presente recesión.

Porque el peor problema que tenemos en España no es el paro, como se dice constantemente. Ya sé que esta afirmación sorprenderá a muchos. La explicación es sencilla. El desempleo que sufrimos no es la causa, sino el efecto de la situación económica. Nuestro verdadero problema está en el sistema financiero, o sea en los bancos. Naturalmente que estamos ante un circulo vicioso. No se crea empleo porque no hay inversión. No hay inversión porque no hay crédito. Tampoco hay crédito para el consumo, que cae. Y por lo tanto baja la producción y no hay empleo y sigue su destrucción. Encima el estado, presionado por los países más poderosos de la Unión Europea, sólo piensa en ahorra y apretar el cinto. La cosa es que no se puede sacar de donde no hay y si cae la producción y los beneficios, no se pagan impuestos, porque sólo hay gastos.

Y cómo romper este redondel maldito. No creo que descubra nada si digo que la solución está en donde está el dinero, es decir en el sistema bancario, al que habrá que obligar como sea y repito, como sea, aunque con la ley en la mano, que vuelvan a ejercer su negocio y aporten liquidez y crédito al sistema. Sabido es que en la sociedad capitalista, el crédito es la savia que nutre el sistema, de forma que, cuando falta o se restringe, al sociedad de consumo se marchita, se para, se anquilosa.

De forma que ahorrar está bien, pero para ello hay que crear riqueza, pues si esta no existe no hay de donde sacar para el ahorro.

La solución pasa por apoyar la pequeña y mediana empresa, que en su gran mayoría está axfisiada, cuando no quebrada.

En cuanto a la forma de conseguir que los bancos empiecen a reactivar el crédito pues hay muchas, que van desde su nacionalización, hasta las inyecciones de liquidez, pero con la exigencia de que el dinero llegue a usuario y la ayuda fiscal para cuando se financien proyectos viables o la creación de bancos públicos pero que funcionen con agilidad y competencia. Doctores tiene la iglesia para hacer esto, pero para mí está claro que el maldito círculo hay que romperlo por donde hay lo que falta, es decir, por la sede de los cuartos, siempre agazapados, siempre miedosos y siempre egoístas e insolidarios.

Y mientras tanto, puestos a ahorrar, podemos hacerlo en tonterías que aún se mantienen, como las embajadas catalanas en el extranjero o la ridícula traducción del Senado, aunque sólo fuera para dar ejemplo de austeridad. He dicho.

lunes, 19 de marzo de 2012

VIVA LA PEPA

Hoy, dia 19 de marzo, se ha conmemorado solemnemente la promulgación de la primera constitución española, la de 1.812, apodada popularmente “LA PEPA”, por coincidir con el día de San José. En los discursos oficiales se ha destacado todo lo que de positivo tuvo que las fuerza vivas de aquél entonces dieran a luz una norma fundamental, que fue en muchas cosas verdaderamente revolucionaria y rompió con los esquemas del viejo régimen, aunque el nefasto rey que fue Fernando VII, cobarde y traicionero para con su patria donde los hubiera, no tardó en abolirla, después de haberla jurado.

En España no hubo una revolución como la francesa, pues sin duda a este rey lo hubieran pasado por las armas, dado su comportamiento para con su pueblo antes y después de la constitución de Cádiz. Al pueblo lo dejó abandonado, hasta el punto de que la guerra a los franceses se la tuvo que declarara el alcalde Móstoles y se la ganaron a Napoleón en gran parte los bandoleros, con los que luego no tuvo compasión y el sacrificio enorme de poblaciones que hicieron frente al francés de manera heroica, como Zaragoza o Gerona. Tampoco los liberales que se inventaron una constitución de lo más avanzado para la época, que pretendía sacar a España de la edad media, tuvieron mucha más suerte, pues fueron perseguidos, encarcelados y desterrados en cuanto Fernando VII recobró las riendas del poder.

La constitución fue hecha en una iglesia y el artículo 12 decia que “la religión de la nación española es y será siempre la católica, apostólica, romana, única verdadera. La Nación la protege por leyes sabias y justas y prohíbe el ejercicio de cualquier otra”.

Cierto que se prohibió la tortura y se eliminó la Inquisición, pero, si nos fijamos un poco, a principio del siglo XIX, en materia religiosa estábamos parecido a como están hoy muchos países árabes, que no sólo quieren aplicar el Corán directamente a sus normas fundamentales, sino que le niegan el pan y la sal a cualquier otra religión.

También llama la atención el artículo 6, ese que tanta gracia nos puede hacer hoy: “ El amor a la patria es una de las principales obligaciones de todos los españoles y asimismo, el ser justos y benéficos” . Parece evidente que, teniendo en cuenta todo lo que vino después, desde que se promulgó en Cádiz esta ley fundamental, diríamos que llena de idealismo y buenas intenciones, no hubo ni un solo español que cumpliera con la norma.

Y sin embargo, a pesar del tiempo transcurrido y de que muchas cosas han cambiado para bien durante estos 200 años, quizás este artículo que puede parecer hasta ridículo sea lo mejor de todo el articulado.

Que no se atrevieran con la Iglesia, se entiende, porque ni siquiera la mayoría se daban cuenta del verdadero poder que tenía y del daño social que podía hacer y lo hizo, a lo largo de todo el siglo XIX y bien entrado del XX. Pero tampoco se atrevieron con la esclavitud, que podríamos decir fue uno de los grandes fallos de la Constitución de Cádiz de 1.812.

No obstante, hay que ponerse en el contexto de aquél entonces y en la enorme fuerza en contra que hacían los terratenientes de los territorios ultramarinos. Puerto Rico y Cuba amenazaron incluso con anexionarse a Estados Unidos, lo que al final acabó ocurriendo en la práctica en 1.898.

Así pues, los españoles seguimos sin cumplir los que decía aquél utópico artículo 6 de la Pepa y ni nos distinguimos por nuestro amor a España (hay bastantes españoles que dicen no querer serlo), ni somos justos o benéficos. Una pena, porque nos iría mucho mejor si aplicáramos tan tierno precepto.

domingo, 18 de marzo de 2012

TEORIA DE LO SOSTENIBLE

Hay palabras que tienen la fortuna de caer bien y conseguir que todo el mundo las emplee, hasta que llega el abuso. Las palabras tienen su vida, como las personas. Nacen, se desarrollan y mueren, aunque sólo en el olvido, que no en el diccionario de la Real Academia, que es como un almacén donde todo cabe, aunque sea en desuso y apolillado.


Lo sostenible es un vocablo recurrente y continuamente en boca de personajes públicos, ecologistas y de todo aquél que quiere quedar bien a la hora de oponerse sobre todo a cualquier proyecto que pueda atentar contra la sagrada palabreja.


En suma se trata de transmitir la idea de que cuanto hagamos en este planeta tierra debe de ser pensando en el futuro y de manera que no afecte a las futuras generaciones y al hábitat en que se supone vivirán cuando nazcan. Así se llenan la boca con esta palabra que parece la solución de todos nuestro males, económicos, sociales o políticos. El problema es que nadie sabe en realidad que es lo sostenible, ni lo que hay que sostener, aparte de los pechos de la mujeres, que en eso todos estamos de acuerdo, creo yo, que para eso se han inventado los sujetadores de distintas formas, materiales y presentaciones a la moda.

En Canarias, por ejemplo, han surgido dos polémicas en torno a lo sostenible. La consejera de empleo, Margarita Ramos, va y suelta que las islas deberían de limitar el acceso de turistas, como si el archipiélago fuera todo un gran parque natural. Por otra parte, el gobierno de la autonomía en pleno se opone frontalmente al proyecto de prospecciones petrolíferas en el mar, cerca de las islas de Lanzarote y Fuerteventura, apoyado con toda firmeza por el Ministro de Industria, Soria, bien canario por cierto. Los argumentos son siempre los mismos, la sostenibilidad, aparte del de la diversificación, pues todo el mundo sabe que el principal sector productivo de canarias es el turismo que, por cierto, repuntó hasta los 12 millones de visitas en el 2.011.


Pues bien, la realidad es que, para poder sostener algo, lo primero que hay que hacer es mantenerlo. Me explico. Si caemos en la exageración de pretender que en islas como Fuerteventura hay que proteger hasta las piedras, de las que hay millones y millones y no sirven de momento y que se sepa para nada, salvo el adorno, nos exponemos a matar la gallina de los huevos de oro, que es el turismo. Yo más bien fomentaría que se las lleven de recuerdo o las vendería pintadas de colores o con dibujos de la montaña sagrada de Tindaya, con lo cual tendríamos una fuenta de ingresos fenómeno y de coste bien barato.


La señora Ramos parece muy culta e inteligente y debe de saber mucho de derecho laboral, que para eso es catedrática de trabajo, pero ha soltado una burrada descomunal, muy en la línea de la gente tonta que desprecia y se rie de los “guiris”, cuando vive de ellos. Canarias ha tenido la gran suerte de aumentar el número de turista en el año pasado y eso ha sido una bendición para su economía, pero si este año vienen más todavía, pues miel sobre hojuelas, porque el del turismo es uno de los sectores de la economía que más nos está ayudando en esta crisis económica feroz que el capitalismo de fines del siglo XX nos ha echado encima a los países europeos y sobre todo a los mediterráneos.


En cuanto a lo del petróleo, pues que decir, que ojala descubriéramos unos yacimientos mayores que los del mar del Norte, porque nuestra factura de este combustible es enorme y poco soportable y de momento las energías alternativas no lo pueden suplir.


Cierto que el oro negro además de riqueza también puede producir catástrofes, pero ni son tan frecuentes, ni nadie libra a las islas Canarias de que se le hunda cerca un Prestige o un Urquiola y contamine sus costas, como pasó en Galicia. Son riesgos que hay que correr, porque en ningún negocio sólo hay ventajas. Ello sin contar con que Lanzarote y sobre todo Fuerteventura están muy cerca de Marruecos, que también anda a lo mismo y tendría gracia que España renuncie a una posible riqueza, que cubriera parte importante de sus necesidades de este precioso líquido y Marruecos se haga con todo y encima pueda contaminarnos. Ello sin contar con que el control en país atrasado como nuestro vecino el control de las extracciones no va a ser lo mismo.

En Canarias se ha montado el follón por este motivo, con gran carga de demagogia de tinte nacionalista a mi juicio, pero aparte de lo dicho, no cabe olvidar que el gobierno de España y su ministro Soria, que es Canario y es de suponer que quiera a su tierra, tiene la obligación de defender los intereses nacionales y estos se decantan, cualquier lo puede ver, porque se inicien las prospecciones a la mayor brevedad posible.


Así pues, vamos a sostener lo que haya que sostener, pero no sacralicemos la palabreja, ni exageremos la nota, porque a menudo lo que se oculta tras estas posiciones maximalistas es la política del no por el no, que a menudo suele ser síntoma de oposición al progreso y el bienestar que conlleva siempre, cuando no reflejo de intereses políticos no confesables.

miércoles, 7 de marzo de 2012

Y GARZON, PUNTO FINAL

Leo con tranquilidad y enterita la sentencia dictada por el Tribunal supremo en el caso que llamaremos de “la memoria histórica”. Y también sus dos votos particulares y encuentro una resolución sensata y bien razonada, hasta donde llega a justificar la actuación del juez Garzón, poco menos que por obrar con buena fe, aunque basado en una interpretación errónea de nuestras leyes.

A mi me parece que nuestro superior tribunal no ha querido en realidad echar más leña al fuego sobre una cuestión, que se ha politizado y sacado de quicio en extremo. Entre los que quieren hacer del juez díscolo (hay que oír sus declaraciones en Buenos Aires) un héroe de los derechos humanos que está por encima de la Ley local e incluso de la Ley en general, porque lo suyo es la Justicia, con mayúsculas y eso es lo que parece importarle y los que quieren hundirlo, hay un término medio que es el de la estricta aplicación de la legalidad y de la jurisprudencia de nuestro Tribunal Supremo, que es quien le ha juzgado. Resulta curioso que Garzón se quejara de que sólo se le concedía una instancia para su juicio, porque además de que le resta el Tribunal Constitucional, resulta en realidad un verdadero privilegio que te juzgue toda una sala del alto tribunal, compuesta nada menos que por siete magistrados, que se supone son los que más saben de derecho penal en este país.

Hay que convenir en que el Tribunal ha sido benévolo con Garzón en este caso, lo que se explica seguramente porque ya lo habían echado de la carrera judicial con la sentencia anterior, la de las escuchas telefónicas a los abogados. Probablemente la presión de la calle y las críticas, algunas verdaderamente ofensivas, de los muchos admiradores que el este juez estrella ha ido cosechando a través de los años de su actuación profesional, sobre todo en los casos derivados del ejercicio de la justicia universal, de los cuales el más conocido fue el del Dictador chileno Augusto Pinochet , han influido en la decisión final. La sentencia, después de desmenuzar todos los fallos de la instrucción del caso por parte del acusado, que son muchos y evidentes incluso para cualquier persona sin la buena preparación jurídica de Garzón, le echa un capote y le absuelve en base a que en realidad se trata de interpretaciones erróneas del derecho, hechas sin mala fe y con la buena intención de ayudar en lo que pueda a los denunciantes.

Cabe preguntarse y no sé si alguien se lo preguntó en el juicio a Garzón, qué era lo que pretendía al comenzar a instruir una causa en la que nunca existieron posibles acusados, al menos que estuvieran vivos o pudieran ser procesados, a salvo pillar a algún centenario, al que sería ilegal e inhumano a estas alturas pedirle responsabilidades por lo que hizo hace tantos años, en un contexto de guerra civil, en la que se cometieron tantas atrocidades por una y otra parte.

La sentencia lo viene a aclarar, lo que pretendía este juez era hacer un “juicio de la verdad” y sobre todo según creo, ayudar a los parientes de los desaparecidos asesinados en su día por la represión franquista, a que pudieran realizar con orden judicial las excavaciones de las tumbas improvisadas y comunes en muchos casos, donde están los restos de sus deudos.

Como explica claramente el voto particular del magistrado Sr. Maza Martín, el juez acusado no cometió ningún error, sino que aplicó las ley a su conveniencia, aplicando algo a lo que en realidad siempre ha sido aficionado y que yo denomino como “alquimia procesal”, si bien en este caso, la química alcanzó más altos vuelos, porque pretendió aplicar leyes internacionales sobre delitos contra la humanidad, que todavía no existían en nuestro ordenamiento jurídico o tener por secuestrados-desaparecidos, en el término jurídico penal de la palabra, a los asesinados por los franquistas o saltarse a la torera el principio de legalidad, el de irretroactividad de las normas penales o la Ley de Amnistía del año 1977. Eso sin contar que unos años antes había rechazado de plano una querella por los asesinatos de Paracuellos del Jarama, amparándose precisamente en la citada Ley de Amnistía entre otros argumentos, que luego pasó por alto en la causa de “la memoria histórica”.

Y para mí que este es el hecho más relevante y más grave de todo este asunto, que Garzón, en una actitud que cabe calificar como soberbia, pretende saltarse a la torera todo el proceso de la difícil y meritoria transición española de la dictadura a la democracia, que tuvo su principal reflejo en esta ley de reconciliación que, como dice la misma sentencia del Supremo, no fue una ley de amnistía fabricada por los propios causantes de un genocidio o delitos contra la humanidad, para lograr la impunidad frente a sus propios crímenes, sino aprobada por un parlamento con el apoyo de la casi totalidad de la cámara, incluyendo a la izquierda política, que era precisamente quien más había sufrido la represión franquista.

Así, este juez estrella, considerándose por encima del parlamento nacional, que reflejaba la voluntad popular, se saltó esta importantísima ley, que facilitó si no la reconciliación de los españoles, sí que no volviéramos a las andadas y a tiros como en los tiempos de la república y la guerra civil.

Cuando admitió a trámite las denuncias, Garzón ya sabía perfectamente que no era competente para instruir el caso, que los delitos estaban prescritos, que no existían posibles culpables a quienes acusar y que el asunto iba a acabar como terminó, espallando los casos de asesinatos por los diversos juzgados donde se supone fueron cometidos…setenta años antes.

Y a todo esto, tampoco consiguió lo que en realidad pretendía como era ordenar exhumaciones.

En suma y tal y como explica la sentencia y sobre todo el voto particular del Magistrado Sr. Maza hizo todo lo que no debe de hacer precisamente un juez, saltarse la ley a la torera, en función de sus propias ideas, utilizando para ello los medios y el enorme poder que el sistema democrático concede a los jueces y tribunales. Y da lo mismo que su intención fuera buena porque, al igual que en el caso de las escuchas a los abogados, por el que ha sido condenado y apartado de la carrera judicial, la lección que se extrae de todo esto es que el fin no justifica los medios y menos en materia de derecho.