Yo estuve tres veces, en distintos viajes a la ciudad de los rascacielos, arriba del todo en una de la torres del World Trade Center. Resultaba impresionante contemplar la ciudad, sus ríos, la bahía con el puente Verrazano al fondo, la estatua de la libertad, el resto del los altos edificios de Manhattan, que parecian pequeños vistos desde la enorme altura a que uno se encontraba.
El día en que sucedió el atentado y a la hora que era, todavía no habían empezado estos a llenarse de gente y sobre todo no había comenzado la riada de turistas que, como yo había hecho, accedían a la parte turística del complejo. Si así hubiera sido, no estaríamos hablando de más de tres mil víctimas, sino de más de diez mil.
En fin, el atentado terrorista con mayor número de muertos y heridos de la historia de los atentados, nos pareció a muchos, el día que lo pudimos ver en directo, como una película catastrofista. Han pasado diez años y todavía pone los pelos de punta contemplar las grabaciones.
Curiosamente y al igual que ocurre con otro muchos sucesos famosos como la llegada a la luna, o el asesinato de Kénnedy , haya muchas gentes que piensan en versiones distintas que las oficinales. También ocurrió en España con lo terribles atentados del 11 M.
Se trata de personas que cree en los peces de colores y que les gusta buscar tres patas al gato, cuando normalmente tiene cuatro. Las torres gemelas fueron un atentado de Al Qaeda, organizado por Bin Laden y lo suyos y esto está incluso reconocido por ellos mismos. Así que no merece la pena darle muchas más vueltas al asunto. En cuanto a porqué las torres se desplomaron con tanta facilidad, está más que razonado en distintos informes técnicos y además es de pura lógica. Los edificios se sustentaban sobre una estructura metálica de acero central, es decir, estaban colgados de unas grandes columnas. Si hubiera sido una estructura clásica de hormigón como la mayoría de los edificios, habrían aguantado seguramente el impacto de los aviones y su fuego. Pero las aeronaves eran verdaderas bombas volantes, recién cargadas de combustible. El choque debilitó la estructura y el enorme calor generado fundió el acero al nivel de los impactos, provocando que el peso de los pisos superiores cayera sobre los inferiores. Resultado, una demolición rápida y perfecta.
El mundo cambió desde entonces. El presidente Buhs declaró la guerra a los musulmanes integristas y luego vino todo lo que sabemos, la invasión de Afganistán, Guantánamo, la guerra de Irak y por fin la muerte del Bin Laden. Una de las consecuencias de todo este gasto militar ha sido la crisis económica mundial y ahí seguimos.
Así pues, cabe decir que el 11 S ha provocado un cambio importante en el mundo. Bin Laden se salió con la suya. Darle un fuerte golpe al mundo capitalista. Pero la vida no se acaba. En Nueva York ya existe otra torre más alta que las gemelas que fueron destruidas. Durante el mes siguiente a la catástrofe los hoteles más caros como el Plaza o el W Astoria, llegaron a precios de cuatro estrellas y aun relaban entradas para algún espectáculo. Consulten ahora los precios de los hoteles en la gran manzana y verán que echan fuego, porque no bajan la mayoría de los 300 euros dia. Uno de los resultados de este atentado y no el menos importante, es que New York se ha convertido en una de las macrociudades más seguras del mundo. No hay un momento en que no se vea algún policía es de suponer que hay muchos que no se ven.
El terrorista más famoso del mundo yace en el fondo del mar y las revoluciones populares del norte de Africa nos han traido una bocanada de aire fresco, derribando viejas y corruptas dictaduras.
Tampoco Al Qaeda (la base), parece que haya salido reforzada de esta guerra, sino todo lo contrario. El camino hacia el islamismo moderado será la mejor forma de combatir a los integristas. Por ahí hay que seguir. Y que lo de Nueva York no se vuelva a repetir nunca más. Salud.
lunes, 12 de septiembre de 2011
miércoles, 7 de septiembre de 2011
LA REFORMA DE LA CONSTITUCION
Los dos partidos mayoritarios de este país nos acaban de demostrar quien manda en realidad en la piel de toro. Ellos dos. El sistema político español se asienta sobre la constitución de 1978, que solo puede ser modificada por una mayoría cualificada de votos parlamentarios, requisito que cumplen el PSOE y el PP si se unen como ha ocurrido ahora. Los demás partidos pueden protestar, patalear y organizar manifestaciones. También los sindicatos pueden hacerlo, pero la realidad es que la reforma, planteada con urgencia y “agosticidad”, como dijo Llamazares en su intervención, ha prosperado y está aprobada de facto.
La izquierda y los movimientos sociales reclaman o más bien claman por un referéndum. El calado, la importancia de la reforma aprobada de forma tan apresurada parecen aconsejarlo. Pero el sistema constitucional no facilita las consultas populares. Decíamos ahí atrás en otro artículo, hablando de democracia, que habría que seguir el ejemplo de Suiza, en donde van a un referéndum por cosas que aquí nos parecerían bien nimias.
Mariano Rajoy, para justificar el porqué no de una consulta del pueblo sobre este importante asunto, ha dicho que saldría caro. La razón es de poco peso. La verdad no es esa, sino que la reforma es de total necesidad y urgencia, en un intento apurado de ofrecer una imagen de seriedad y solvencia de España, frente a las fuertes presiones de los mercados que compran nuestra deuda en las subastas.
Así, los partidos mayoritarios nos gobiernan con las normas del despotismo ilustrado: “todo para el pueblo, pero sin el pueblo” Esto es bueno o malo. Pues como muchas cosas, ni blanco ni negro, o sea, gris. Lo más democrático sería organizar la consulta al pueblo, que es el soberano. Pero la razón de estado en este caso, ha sido de tal urgencia y necesidad, que el Presidente Zapatero, se lo ha comunicado al Presidente “in péctore” Rajoy, que estoy seguro de que ninguno de los dos han explicado claramente las verdaderas razones que subyacen tras la reforma del texto constitucional.
O sea, la dicotomía está entre el respeto a la soberanía popular o la defensa urgente, más bien perentoria, de los intereses de la economía española. Descartado que estemos en manos de gobernantes alocados y teniendo en cuenta que la responsabilidad de la cirugía aplicada a nuestra constitución descansa sobre los dos principales partidos políticos, el que gobierna y el que parece va a gobernar, hay que concluir con que han hecho lo que tenían que hacer. Pero otro día hablaremos de otras reformas de la constitución que a mí se me ocurren para conseguir que el pueblo como tal sea más respetado y oído. A ver si les gustan. Salud.
La izquierda y los movimientos sociales reclaman o más bien claman por un referéndum. El calado, la importancia de la reforma aprobada de forma tan apresurada parecen aconsejarlo. Pero el sistema constitucional no facilita las consultas populares. Decíamos ahí atrás en otro artículo, hablando de democracia, que habría que seguir el ejemplo de Suiza, en donde van a un referéndum por cosas que aquí nos parecerían bien nimias.
Mariano Rajoy, para justificar el porqué no de una consulta del pueblo sobre este importante asunto, ha dicho que saldría caro. La razón es de poco peso. La verdad no es esa, sino que la reforma es de total necesidad y urgencia, en un intento apurado de ofrecer una imagen de seriedad y solvencia de España, frente a las fuertes presiones de los mercados que compran nuestra deuda en las subastas.
Así, los partidos mayoritarios nos gobiernan con las normas del despotismo ilustrado: “todo para el pueblo, pero sin el pueblo” Esto es bueno o malo. Pues como muchas cosas, ni blanco ni negro, o sea, gris. Lo más democrático sería organizar la consulta al pueblo, que es el soberano. Pero la razón de estado en este caso, ha sido de tal urgencia y necesidad, que el Presidente Zapatero, se lo ha comunicado al Presidente “in péctore” Rajoy, que estoy seguro de que ninguno de los dos han explicado claramente las verdaderas razones que subyacen tras la reforma del texto constitucional.
O sea, la dicotomía está entre el respeto a la soberanía popular o la defensa urgente, más bien perentoria, de los intereses de la economía española. Descartado que estemos en manos de gobernantes alocados y teniendo en cuenta que la responsabilidad de la cirugía aplicada a nuestra constitución descansa sobre los dos principales partidos políticos, el que gobierna y el que parece va a gobernar, hay que concluir con que han hecho lo que tenían que hacer. Pero otro día hablaremos de otras reformas de la constitución que a mí se me ocurren para conseguir que el pueblo como tal sea más respetado y oído. A ver si les gustan. Salud.
miércoles, 24 de agosto de 2011
EL FIN DE GADAFI
Pues parece evidente que al lunático coronel libio le queda poca cuerda. Como siempre ha sido y sigue siendo, además de un iluminado un fanfarrón, la última baladronada, es su mensaje de que va a ganar la guerra o morir en el intento. Como es notorio que la primera ya la tiene perdida, sólo le queda lo de palmarla o morir matando.
Una vez perdido su emblemático centro de poder, tomado ya con relativa facilidad por parte de los rebeldes, sólo le quedan ahora pocas alternativas. Una de ellas es, efectivamente, caer en combate, otra, nada improbable, es suicidarse. También puede esconderse como hizo Sadam Hussein, aunque más tarde o más temprano lo van a encontrar, sobre todo porque siempre habrá alguno de sus allegados que lo venda, como le pasó al dictador de Irak (los rebeldes ofrecen nada menos de 1.700 euros por su captura, con lo cual ahora sí que está perdido de verdad). Y por último, puede intentar escaparse, aunque le quedan pocos sitios a donde ir. En realidad, sólo le queda Venezuela y su amigo Chávez.
Lo ideal sería que fuera capturado y puesto a disposición del tribunal penal internacional, más que nada porque resultaría ejemplificatorio que un dictador de este fuste tuviera que someterse a las leyes internacionales, que castigan delitos contra la humanidad. Este sería un buen aviso para otros dictadores de los que abundan por desgracia en el mundo. Tiranos que no dudan en lanzar las más potentes armas de guerra contra sus propios ciudadanos indefensos, como está ocurriendo en Siria, régimen este que debe de poner sus barbas a remojar, porque es el próximo al que le toca.
Lo que parece indiscutible es que la rendición total de las fuerzas de Gadafi está muy próxima y su final, en cualquiera de las formas expresadas, a la vuelta de la esquina. Se admiten apuestas sobre cómo acabará.
Una vez perdido su emblemático centro de poder, tomado ya con relativa facilidad por parte de los rebeldes, sólo le quedan ahora pocas alternativas. Una de ellas es, efectivamente, caer en combate, otra, nada improbable, es suicidarse. También puede esconderse como hizo Sadam Hussein, aunque más tarde o más temprano lo van a encontrar, sobre todo porque siempre habrá alguno de sus allegados que lo venda, como le pasó al dictador de Irak (los rebeldes ofrecen nada menos de 1.700 euros por su captura, con lo cual ahora sí que está perdido de verdad). Y por último, puede intentar escaparse, aunque le quedan pocos sitios a donde ir. En realidad, sólo le queda Venezuela y su amigo Chávez.
Lo ideal sería que fuera capturado y puesto a disposición del tribunal penal internacional, más que nada porque resultaría ejemplificatorio que un dictador de este fuste tuviera que someterse a las leyes internacionales, que castigan delitos contra la humanidad. Este sería un buen aviso para otros dictadores de los que abundan por desgracia en el mundo. Tiranos que no dudan en lanzar las más potentes armas de guerra contra sus propios ciudadanos indefensos, como está ocurriendo en Siria, régimen este que debe de poner sus barbas a remojar, porque es el próximo al que le toca.
Lo que parece indiscutible es que la rendición total de las fuerzas de Gadafi está muy próxima y su final, en cualquiera de las formas expresadas, a la vuelta de la esquina. Se admiten apuestas sobre cómo acabará.
domingo, 21 de agosto de 2011
LA VISITA DEL PAPA
Con la llegada del pontífice de Roma a España, suceso que se produce periódicamente, pues la Iglesia Católica tiene en la península ibérica, Portugal incluido, uno de sus más importantes bastiones, se ha producido un fenómeno impensable hace muy poco tiempo. Europa Laica, una asociación que predica sobre todo la separación real de la Iglesia, sea la que sea, y el estado democrático, ha logrado convocar y aglutinar en una manifestación a miles de personas (20.000 dicen los organizadores, 5.000 las autoridades).
En primer lugar, hacer constar y recalcar que en Europa Laica no milita gente extremista y mucho menos violenta, sino precisamente bien demócrata y respetuosa de las opiniones de los demás, por lo que los pocos incidentes habidos en esto días son la normal consecuencia de enfrentamientos entre jóvenes de distinta ideología. Por otra parte, a la manifestación se han sumado muchos “indignados” del 15 M y ya sabemos que no todos actúan pacíficamente.
Europa Laica defiende sus ideas con argumentos y todos ellos de peso. No se trata de estar contra el Papa, el vaticano ni mucho menos la religión y los fieles católicos. No es eso, por más que desde la jerarquía de la iglesia de Roma, se trata de confundir a la opinión pública, queriendo calificar de anticlericalismo al laicismo.
Nadie puede negar la enorme fuerza social, política y económica que tiene la iglesia católica, y concretamente en España. El Vaticano lo sabe, lo utiliza y lo exhibe. Las multitudes que se han congregado en Madrid, para recibirle y aclamarle resultan en el fondo toda una manifestación de poder de las que gusta nuestra iglesia mayoritaria. No importa que muchos de los concentrados(habría que hacer una encuesta y los resultados podrían ser sorprendentes, cobre todo entre los jóvenes), no cumplan con la mayoría de los deberes de un católico, algunos olvidados, pero no por ello menos vigentes. Ni vayan a misa los domingos y fiestas de guardar. Ni se confiesen, ni comulguen… Tampoco que muchas chicas hayan dado el espectáculo de enseñar las piernas e incluso en sostén delante del papa. En realidad, lo que le importa a la jerarquía de Roma es el espectáculo de mira cuantos somos, cuantos jóvenes y todos de acuerdo. Este es un mensaje para navegantes y sobre todo para políticos en el poder o para los que aspiran a serlo. La iglesia de Roma no quiere perder sus privilegios en España, porque en gran parte vive de ellos y vive bien. Así que, después de la entrevista de Rajoy con el Papa, todo ha quedado atado y bien atado. Salvo que sobrevenga una catástrofe como la del 11 M, el pontevedrés ya viene cantando el triunfo, por lo que ya le ha podido dar seguridades a “su santidad”, de que la cosa va a ir bien, que no se preocupe, que España va seguir siendo católica. De eso se encarga él. Claro que lo más seguro es que lo haya dicho a la gallega, que es su estilo. Y el papa que es alemán, pero listo como un ajo, pues ya lo ha entendido.
Pero la “guerra” del laicismo no es solamente contra los privilegios de todo tipo que esta religión tiene a todos los niveles en nuestro país. No se olvide que sigue vigente el concordato entre el estado español y la Roma vaticana. Su lucha es contra un estado de cosas que supone terminar algún día con la imbricación existente entre el poder civil, emanado democráticamente de la soberanía popular, y el poder religioso (el mayor del mundo con mucha diferencia), que surge de una estructura piramidal y ancestral, que viene de arriba abajo y cuya cúspide ocupa ahora Benedicto 16. Es una pelea de un pigmeo contra un titán. Pero eso no quita fuerza alguna a las razones de los laicos ni a sus justas demandas.
La iglesia católica, como todas las iglesias, pero más que ninguna otra, es en realidad una tremenda y poderosa maquinaria de poder, que se ejerce de forma medieval y por tanto totalmente antidemocrática. Pero el futuro de la humanidad no puede ir sino por el camino de la democracia real, de la efectiva y verdadera separación del poder civil y el religioso, de la terminación de los privilegios y ayudas de todo tipo que, en el caso de España, rechinan desde hace mucho tiempo. De que todas las confesiones religiosas acepten de forma clara y sincera las leyes emanadas de los poderes democráticos, sin que sea admisible que traten de imponer las suyas propias, que no salen sino de la mente de unos pocos que mandan sobre millones a base de entelequias irracionales, sin ninguna base cierta ni científica.
En este sentido, la manifestación de Europa Laica ha sido un éxito y representa un rayo de luz, aunque tenue, entre tanto papanatismo como se ha podido ver estos días con la visita del Papa. En ese camino hay que seguir, porque conseguir algún día la verdadera separación del poder civil y el eclesiástico es una lucha que merece la pena y uno de los pasos más importantes para conseguir la profundización y el progreso de nuestra democracia.
En primer lugar, hacer constar y recalcar que en Europa Laica no milita gente extremista y mucho menos violenta, sino precisamente bien demócrata y respetuosa de las opiniones de los demás, por lo que los pocos incidentes habidos en esto días son la normal consecuencia de enfrentamientos entre jóvenes de distinta ideología. Por otra parte, a la manifestación se han sumado muchos “indignados” del 15 M y ya sabemos que no todos actúan pacíficamente.
Europa Laica defiende sus ideas con argumentos y todos ellos de peso. No se trata de estar contra el Papa, el vaticano ni mucho menos la religión y los fieles católicos. No es eso, por más que desde la jerarquía de la iglesia de Roma, se trata de confundir a la opinión pública, queriendo calificar de anticlericalismo al laicismo.
Nadie puede negar la enorme fuerza social, política y económica que tiene la iglesia católica, y concretamente en España. El Vaticano lo sabe, lo utiliza y lo exhibe. Las multitudes que se han congregado en Madrid, para recibirle y aclamarle resultan en el fondo toda una manifestación de poder de las que gusta nuestra iglesia mayoritaria. No importa que muchos de los concentrados(habría que hacer una encuesta y los resultados podrían ser sorprendentes, cobre todo entre los jóvenes), no cumplan con la mayoría de los deberes de un católico, algunos olvidados, pero no por ello menos vigentes. Ni vayan a misa los domingos y fiestas de guardar. Ni se confiesen, ni comulguen… Tampoco que muchas chicas hayan dado el espectáculo de enseñar las piernas e incluso en sostén delante del papa. En realidad, lo que le importa a la jerarquía de Roma es el espectáculo de mira cuantos somos, cuantos jóvenes y todos de acuerdo. Este es un mensaje para navegantes y sobre todo para políticos en el poder o para los que aspiran a serlo. La iglesia de Roma no quiere perder sus privilegios en España, porque en gran parte vive de ellos y vive bien. Así que, después de la entrevista de Rajoy con el Papa, todo ha quedado atado y bien atado. Salvo que sobrevenga una catástrofe como la del 11 M, el pontevedrés ya viene cantando el triunfo, por lo que ya le ha podido dar seguridades a “su santidad”, de que la cosa va a ir bien, que no se preocupe, que España va seguir siendo católica. De eso se encarga él. Claro que lo más seguro es que lo haya dicho a la gallega, que es su estilo. Y el papa que es alemán, pero listo como un ajo, pues ya lo ha entendido.
Pero la “guerra” del laicismo no es solamente contra los privilegios de todo tipo que esta religión tiene a todos los niveles en nuestro país. No se olvide que sigue vigente el concordato entre el estado español y la Roma vaticana. Su lucha es contra un estado de cosas que supone terminar algún día con la imbricación existente entre el poder civil, emanado democráticamente de la soberanía popular, y el poder religioso (el mayor del mundo con mucha diferencia), que surge de una estructura piramidal y ancestral, que viene de arriba abajo y cuya cúspide ocupa ahora Benedicto 16. Es una pelea de un pigmeo contra un titán. Pero eso no quita fuerza alguna a las razones de los laicos ni a sus justas demandas.
La iglesia católica, como todas las iglesias, pero más que ninguna otra, es en realidad una tremenda y poderosa maquinaria de poder, que se ejerce de forma medieval y por tanto totalmente antidemocrática. Pero el futuro de la humanidad no puede ir sino por el camino de la democracia real, de la efectiva y verdadera separación del poder civil y el religioso, de la terminación de los privilegios y ayudas de todo tipo que, en el caso de España, rechinan desde hace mucho tiempo. De que todas las confesiones religiosas acepten de forma clara y sincera las leyes emanadas de los poderes democráticos, sin que sea admisible que traten de imponer las suyas propias, que no salen sino de la mente de unos pocos que mandan sobre millones a base de entelequias irracionales, sin ninguna base cierta ni científica.
En este sentido, la manifestación de Europa Laica ha sido un éxito y representa un rayo de luz, aunque tenue, entre tanto papanatismo como se ha podido ver estos días con la visita del Papa. En ese camino hay que seguir, porque conseguir algún día la verdadera separación del poder civil y el eclesiástico es una lucha que merece la pena y uno de los pasos más importantes para conseguir la profundización y el progreso de nuestra democracia.
viernes, 12 de agosto de 2011
LA EUROPA ACOSADA
La unión europea cuenta, al momento, con cuatrocientos cincuenta millones de habitantes, con una moneda única para muchos de los países que la conforman y con el nivel de vida, llamado estado del bienestar, mejor del mundo. Hay otros países más ricos, y en donde abundan las grandes fortunas. Pero en cuanto a respeto de los derechos humanos y de las libertades de la persona, estamos a la cabeza. Naturalmente, todo esto tiene un costo, que no es poco. Mantener la educación, la sanidad, las buenas infraestructuras por aire mar y tierra, ect… es un muy caro. Como consecuencia de todo esto, los países europeos, como ocurre con el más poderoso, o sea, Estados Unidos, viven constantemente endeudados.
Pero somos una isla. En el resto del mundo abundan la miseria, el hambre, las injusticias, la corrupción total como medio de gobierno…el atraso social, en fin. Y la crisis económica, que se originó como debacle financiera, nos golpea a todos. Al ser países solventes, Italia, España o Bélgica emiten deuda pública, la subastan, que es la forma más real de fijar el precio de las cosas y consiguen la liquidez que precisan para que el sistema continue rodando. Pero precisamente porque la subasta es el sistema más fiable de saber cuánto vale algo, siempre que la subasta sea pública de verdad y llegue a donde tiene que llegar, es decir, a la gran mayoría de los posible compradores, se corre el riesgo de llevarse sorpresas desagradables, como ha ocurrido ahora con las de España o Italia, en la que los tipos de interés a pagar por recibir el dinero prestado, se ha disparado y eso supone ciertamente hipotecar el futuro del país, pues habrá que devolver en su día mucho más dinero del que se contaba. Y aquí llegamos a la realidad de que estas cosas ocurren porque la Unión Europea, es europea, pero aún le falta bastante para ser una verdadera unión. Cierto que existe un Banco Central que puede intervenir y lo hace, para ayudar a cualquiera de los miembros, pero no lo es menos que lo ideal sería que existiera una política común fiscal y económica de todos a una o al menos de los más fuertes, es decir, de los que están integrados en el euro. Mientras tal cosa no se consiga, los grandes capitales, ente los que se encuentran también los europeos, no se olvide esto, tratarán de aprovechar las situaciones de debilidad de cualquier de las economías, que en realidad son fuertes, como España o Italia, para sacar el máximo beneficio de la situación.
Al igual que EEUU va a seguir siendo la primera potencia del mundo no se sabe cuanto tiempo, a pesar de su enorme endeudamiento, Europa va a seguir siendo el referente mundial del bienestar social, a pesar de todos sus problemas. Pero si como dijo Julio César “divide y vencerás”, que la unión hace la fuerza nadie sensato lo pone en duda. O sea que el camino de la Unión Europea es seguir siendo europea y cada vez más unida. Solo de esa manera podremos hacer frente de manera efectiva a estos acosos económicos y a muchos más problemas que nos vendrán encima. Porque, que nadie lo olvide, en realidad somos una isla, en un mundo en donde se vive muy mal. Y nos van a seguir atacando por todas partes. Y si no, al tiempo.
Pero somos una isla. En el resto del mundo abundan la miseria, el hambre, las injusticias, la corrupción total como medio de gobierno…el atraso social, en fin. Y la crisis económica, que se originó como debacle financiera, nos golpea a todos. Al ser países solventes, Italia, España o Bélgica emiten deuda pública, la subastan, que es la forma más real de fijar el precio de las cosas y consiguen la liquidez que precisan para que el sistema continue rodando. Pero precisamente porque la subasta es el sistema más fiable de saber cuánto vale algo, siempre que la subasta sea pública de verdad y llegue a donde tiene que llegar, es decir, a la gran mayoría de los posible compradores, se corre el riesgo de llevarse sorpresas desagradables, como ha ocurrido ahora con las de España o Italia, en la que los tipos de interés a pagar por recibir el dinero prestado, se ha disparado y eso supone ciertamente hipotecar el futuro del país, pues habrá que devolver en su día mucho más dinero del que se contaba. Y aquí llegamos a la realidad de que estas cosas ocurren porque la Unión Europea, es europea, pero aún le falta bastante para ser una verdadera unión. Cierto que existe un Banco Central que puede intervenir y lo hace, para ayudar a cualquiera de los miembros, pero no lo es menos que lo ideal sería que existiera una política común fiscal y económica de todos a una o al menos de los más fuertes, es decir, de los que están integrados en el euro. Mientras tal cosa no se consiga, los grandes capitales, ente los que se encuentran también los europeos, no se olvide esto, tratarán de aprovechar las situaciones de debilidad de cualquier de las economías, que en realidad son fuertes, como España o Italia, para sacar el máximo beneficio de la situación.
Al igual que EEUU va a seguir siendo la primera potencia del mundo no se sabe cuanto tiempo, a pesar de su enorme endeudamiento, Europa va a seguir siendo el referente mundial del bienestar social, a pesar de todos sus problemas. Pero si como dijo Julio César “divide y vencerás”, que la unión hace la fuerza nadie sensato lo pone en duda. O sea que el camino de la Unión Europea es seguir siendo europea y cada vez más unida. Solo de esa manera podremos hacer frente de manera efectiva a estos acosos económicos y a muchos más problemas que nos vendrán encima. Porque, que nadie lo olvide, en realidad somos una isla, en un mundo en donde se vive muy mal. Y nos van a seguir atacando por todas partes. Y si no, al tiempo.
LA EUROPA ACOSADA
La unión europea cuenta, al momento, con cuatrocientos cincuenta millones de habitantes, con una moneda única para muchos de los países que la conforman y con el nivel de vida, llamado estado del bienestar, mejor del mundo. Hay otros países más ricos, y en donde abundan las grandes fortunas. Pero en cuanto a respeto de los derechos humanos y de las libertades de la persona, estamos a la cabeza. Naturalmente, todo esto tiene un costo, que no es poco. Mantener la educación, la sanidad, las buenas infraestructuras por aire mar y tierra, ect… es un muy caro. Como consecuencia de todo esto, los países europeos, como ocurre con el más poderoso, o sea, Estados Unidos, viven constantemente endeudados.
Pero somos una isla. En el resto del mundo abundan la miseria, el hambre, las injusticias, la corrupción total como medio de gobierno…el atraso social, en fin. Y la crisis económica, que se originó como debacle financiera, nos golpea a todos. Al ser países solventes, Italia, España o Bélgica emiten deuda pública, la subastan, que es la forma más real de fijar el precio de las cosas y consiguen la liquidez que precisan para que el sistema continue rodando. Pero precisamente porque la subasta es el sistema más fiable de saber cuánto vale algo, siempre que la subasta sea pública de verdad y llegue a donde tiene que llegar, es decir, a la gran mayoría de los posible compradores, se corre el riesgo de llevarse sorpresas desagradables, como ha ocurrido ahora con las de España o Italia, en la que los tipos de interés a pagar por recibir el dinero prestado, se ha disparado y eso supone ciertamente hipotecar el futuro del país, pues habrá que devolver en su día mucho más dinero del que se contaba. Y aquí llegamos a la realidad de que estas cosas ocurren porque la Unión Europea, es europea, pero aún le falta bastante para ser una verdadera unión. Cierto que existe un Banco Central que puede intervenir y lo hace, para ayudar a cualquiera de los miembros, pero no lo es menos que lo ideal sería que existiera una política común fiscal y económica de todos a una o al menos de los más fuertes, es decir, de los que están integrados en el euro. Mientras tal cosa no se consiga, los grandes capitales, ente los que se encuentran también los europeos, no se olvide esto, tratarán de aprovechar las situaciones de debilidad de cualquier de las economías, que en realidad son fuertes, como España o Italia, para sacar el máximo beneficio de la situación.
Al igual que EEUU va a seguir siendo la primera potencia del mundo no se sabe cuanto tiempo, a pesar de su enorme endeudamiento, Europa va a seguir siendo el referente mundial del bienestar social, a pesar de todos sus problemas. Pero si como dijo Julio César “divide y vencerás”, que la unión hace la fuerza nadie sensato lo pone en duda. O sea que el camino de la Unión Europea es seguir siendo europea y cada vez más unida. Solo de esa manera podremos hacer frente de manera efectiva a estos acosos económicos y a muchos más problemas que nos vendrán encima. Porque, que nadie lo olvide, en realidad somos una isla, en un mundo en donde se vive muy mal. Y nos van a seguir atacando por todas partes. Y si no, al tiempo.
Pero somos una isla. En el resto del mundo abundan la miseria, el hambre, las injusticias, la corrupción total como medio de gobierno…el atraso social, en fin. Y la crisis económica, que se originó como debacle financiera, nos golpea a todos. Al ser países solventes, Italia, España o Bélgica emiten deuda pública, la subastan, que es la forma más real de fijar el precio de las cosas y consiguen la liquidez que precisan para que el sistema continue rodando. Pero precisamente porque la subasta es el sistema más fiable de saber cuánto vale algo, siempre que la subasta sea pública de verdad y llegue a donde tiene que llegar, es decir, a la gran mayoría de los posible compradores, se corre el riesgo de llevarse sorpresas desagradables, como ha ocurrido ahora con las de España o Italia, en la que los tipos de interés a pagar por recibir el dinero prestado, se ha disparado y eso supone ciertamente hipotecar el futuro del país, pues habrá que devolver en su día mucho más dinero del que se contaba. Y aquí llegamos a la realidad de que estas cosas ocurren porque la Unión Europea, es europea, pero aún le falta bastante para ser una verdadera unión. Cierto que existe un Banco Central que puede intervenir y lo hace, para ayudar a cualquiera de los miembros, pero no lo es menos que lo ideal sería que existiera una política común fiscal y económica de todos a una o al menos de los más fuertes, es decir, de los que están integrados en el euro. Mientras tal cosa no se consiga, los grandes capitales, ente los que se encuentran también los europeos, no se olvide esto, tratarán de aprovechar las situaciones de debilidad de cualquier de las economías, que en realidad son fuertes, como España o Italia, para sacar el máximo beneficio de la situación.
Al igual que EEUU va a seguir siendo la primera potencia del mundo no se sabe cuanto tiempo, a pesar de su enorme endeudamiento, Europa va a seguir siendo el referente mundial del bienestar social, a pesar de todos sus problemas. Pero si como dijo Julio César “divide y vencerás”, que la unión hace la fuerza nadie sensato lo pone en duda. O sea que el camino de la Unión Europea es seguir siendo europea y cada vez más unida. Solo de esa manera podremos hacer frente de manera efectiva a estos acosos económicos y a muchos más problemas que nos vendrán encima. Porque, que nadie lo olvide, en realidad somos una isla, en un mundo en donde se vive muy mal. Y nos van a seguir atacando por todas partes. Y si no, al tiempo.
jueves, 28 de julio de 2011
NUESTRA LEY DE PROCEDIMIENTO CRIMINAL
Si los códigos penales de cualquier país son importantes por cuanto define lo que es delito y lo que no lo es, cuestión no tan sencilla como parece, por que hay figuras jurídico penales que son bien discutibles y variables, la ley que regula el proceso no lo es menos, pues los pasos que hay que dar hasta que a un ciudadano en un estado de derecho que funcione, se le considere como delincuente, deben de estar regulados correctamente, para garantizar que la Ley se aplique con justicia, cuestión nada fácil.
El proceso penal debe de establecer el sistema que garantice los derechos de todos los implicados en la causa, desde el de los perjudicados o víctimas, hasta los del presunto autor de los hechos que, no lo olvidemos, es inocente técnicamente hasta que no se demuestre lo contrario por sentencia firme.
En ello, en tener una buena ley de proceso penal, nos jugamos mucho. Y ahora hay que preguntarse, ¿qué ley de esta clase tenemos en España? Pues una de 1.888, nada menos, que ha resistido la monarquía, la dictadura de Primeo de Rivera, la república, la dictadura de Franco y la democracia actual.
Que no era fácil cambiar esta vetusta ley, se entiende sólo a la vista de su vida dilatada. Pero al final parece que tenemos un ministro de justicia, que le ha incado el diente a tan importante y espinosa cuestión. Dice el ministro Caamaño, que uno de los motivos por el cual no se ha llegado a gestar y aprobar un nuevo texto de enjuiciamiento criminal, es por la resistencia de los jueces de esta país a perder el poder que les da la instrucción de la causa. Y por ahí iban los tiros.
Ya hubo tiempo y no hace tanto, en que nuestro jueces instruían, o sea investigaban el delito, adoptando medidas cautelares tan importantes como la prisión preventiva o la fijación de fianzas…y también lo juzgaban. Tal desafuero jurídico terminó con la intervención del Tribunal Constitucional y entonces nació el llamado “procedimiento abreviado”, una lindeza que padecemos desde hace años y que si bien terminaba con la contradicción de que el instructor también fuera juez en los delitos menos graves (se crearon los jueces de lo penal), castigaba y castiga al “imputado” (vaya palabreja esta), con la pena de banquillo, pues la resolución que abre el juicio oral no admite recurso. Y así hemos pasado muchos años, sentando en el banco de los acusados, a personas que claramente eran inocentes o que se sabía de antemano que no había pruebas suficientes para su condena. Y en el mejor de los casos ciudadanos a los que no se permite discutir ante un Tribunal superior si tienen que sentarse o no para ser juzgados.
Al amparo del vetusto procedimiento del que nos vales, lleno de parches y correcciones legales, los jueces en este país han gozado de un poder excesivo en fase de instrucción y bastantes han hecho mal uso de él, hasta el punto de que hemos dado lugar al nacimiento de una especie judicial desconocida en otros pagos: la del juez estrella, famoso por sus medidas desmedidas de investigación, aplaudidas a menudo por los partidarios no ya de la justicia rápida, sino del linchamiento mediático. Y cuanto más rriba esté el personaje o más famoso sea, más disfruta el gentío con las imágenes televisadas de personas detenidas y esposadas, simplemente para ir a prestar declaración ante un juez omnipotente y soberbio, que va a jugar con miedo y la presión que agobian al detenido que comparece a su presencia.Esto recuerda en cierto modo al “panem et circenses” de la Roma imperial, pero con sirenas, uniformes y togas por en medio.
En un mundo globalizado y perfectamente comunicado, en donde ya resulta bien difícil escaparse a la acción de la justicia (recuerden el caso Roldán, el Dioni o muchos otros como el más reciente del jefe de la banda que atracó el chalet de Jose Luis Moreno y que fue localizado y detenido en Albania), nuestro jueces siguen trayendo esposados a personas que no se van a escapar, que son infensivas y que incluso son representante electos del pueblo. Curiosamente, esto no se hacía ni en tiempos de la dictadura ni en los primeros de la democracia.
Así las cosas, la reforma que propone y presenta al Parlamento el Ministro de Justicia, intenta restar a los jueces el poder inmediato de la instrucción de la causa que ahora detentan. Se trata de que sean los fiscales los que instruyan y que exista un juez que sean quien decida luego si hay motivos para encarcelar a los interfectos, que perderán el feo nombre de “imputado”, para pasar a ser “investigado”. Así vamos bien, señores.
Bueno, para mi opinión, todo lo que sea dividir el poder es bueno en democracia, sobre todo si tratamos con el asunto más grave al que se puede enfrentar un ciudadano, o sea, que lo quieran meter a la cárcel.
Así, hasta donde yo sé, el sistema va a funcionar con un fiscal que investiga e instruye, un juez de garantía, que decide los puntos más importante en esa fase del proceso y vela por su pureza, o sea, que se respeten las leyes y sobre todos los derechos de las personas implicadas en el caso (de todas) y un juez, tribunal o jurado, que será quien emita el veredicto definitvo.
La cosa suena bien y es seguro que vamos a cambiar para mejor, porque el actual mecanismo del proceso penal en España no sólo está anticuado, sino que ya hace aguas por todas partes y hace mucho tiempo de eso.
El proceso penal debe de establecer el sistema que garantice los derechos de todos los implicados en la causa, desde el de los perjudicados o víctimas, hasta los del presunto autor de los hechos que, no lo olvidemos, es inocente técnicamente hasta que no se demuestre lo contrario por sentencia firme.
En ello, en tener una buena ley de proceso penal, nos jugamos mucho. Y ahora hay que preguntarse, ¿qué ley de esta clase tenemos en España? Pues una de 1.888, nada menos, que ha resistido la monarquía, la dictadura de Primeo de Rivera, la república, la dictadura de Franco y la democracia actual.
Que no era fácil cambiar esta vetusta ley, se entiende sólo a la vista de su vida dilatada. Pero al final parece que tenemos un ministro de justicia, que le ha incado el diente a tan importante y espinosa cuestión. Dice el ministro Caamaño, que uno de los motivos por el cual no se ha llegado a gestar y aprobar un nuevo texto de enjuiciamiento criminal, es por la resistencia de los jueces de esta país a perder el poder que les da la instrucción de la causa. Y por ahí iban los tiros.
Ya hubo tiempo y no hace tanto, en que nuestro jueces instruían, o sea investigaban el delito, adoptando medidas cautelares tan importantes como la prisión preventiva o la fijación de fianzas…y también lo juzgaban. Tal desafuero jurídico terminó con la intervención del Tribunal Constitucional y entonces nació el llamado “procedimiento abreviado”, una lindeza que padecemos desde hace años y que si bien terminaba con la contradicción de que el instructor también fuera juez en los delitos menos graves (se crearon los jueces de lo penal), castigaba y castiga al “imputado” (vaya palabreja esta), con la pena de banquillo, pues la resolución que abre el juicio oral no admite recurso. Y así hemos pasado muchos años, sentando en el banco de los acusados, a personas que claramente eran inocentes o que se sabía de antemano que no había pruebas suficientes para su condena. Y en el mejor de los casos ciudadanos a los que no se permite discutir ante un Tribunal superior si tienen que sentarse o no para ser juzgados.
Al amparo del vetusto procedimiento del que nos vales, lleno de parches y correcciones legales, los jueces en este país han gozado de un poder excesivo en fase de instrucción y bastantes han hecho mal uso de él, hasta el punto de que hemos dado lugar al nacimiento de una especie judicial desconocida en otros pagos: la del juez estrella, famoso por sus medidas desmedidas de investigación, aplaudidas a menudo por los partidarios no ya de la justicia rápida, sino del linchamiento mediático. Y cuanto más rriba esté el personaje o más famoso sea, más disfruta el gentío con las imágenes televisadas de personas detenidas y esposadas, simplemente para ir a prestar declaración ante un juez omnipotente y soberbio, que va a jugar con miedo y la presión que agobian al detenido que comparece a su presencia.Esto recuerda en cierto modo al “panem et circenses” de la Roma imperial, pero con sirenas, uniformes y togas por en medio.
En un mundo globalizado y perfectamente comunicado, en donde ya resulta bien difícil escaparse a la acción de la justicia (recuerden el caso Roldán, el Dioni o muchos otros como el más reciente del jefe de la banda que atracó el chalet de Jose Luis Moreno y que fue localizado y detenido en Albania), nuestro jueces siguen trayendo esposados a personas que no se van a escapar, que son infensivas y que incluso son representante electos del pueblo. Curiosamente, esto no se hacía ni en tiempos de la dictadura ni en los primeros de la democracia.
Así las cosas, la reforma que propone y presenta al Parlamento el Ministro de Justicia, intenta restar a los jueces el poder inmediato de la instrucción de la causa que ahora detentan. Se trata de que sean los fiscales los que instruyan y que exista un juez que sean quien decida luego si hay motivos para encarcelar a los interfectos, que perderán el feo nombre de “imputado”, para pasar a ser “investigado”. Así vamos bien, señores.
Bueno, para mi opinión, todo lo que sea dividir el poder es bueno en democracia, sobre todo si tratamos con el asunto más grave al que se puede enfrentar un ciudadano, o sea, que lo quieran meter a la cárcel.
Así, hasta donde yo sé, el sistema va a funcionar con un fiscal que investiga e instruye, un juez de garantía, que decide los puntos más importante en esa fase del proceso y vela por su pureza, o sea, que se respeten las leyes y sobre todos los derechos de las personas implicadas en el caso (de todas) y un juez, tribunal o jurado, que será quien emita el veredicto definitvo.
La cosa suena bien y es seguro que vamos a cambiar para mejor, porque el actual mecanismo del proceso penal en España no sólo está anticuado, sino que ya hace aguas por todas partes y hace mucho tiempo de eso.
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